El pasado 15 de febrero de 2026, el sector turístico y la comunidad de Querétaro despidieron a un hombre cuya vida fue, en esencia, una cátedra de hospitalidad. Juan Arturo Ruiz Galván, con 58 años de trayectoria en la hotelería, partió dejando tras de sí no solo una carrera brillante, sino el testimonio de un hombre que hizo del servicio su vocación y de la familia su brújula.
De los pasillos del aeropuerto a la dirección de grandes cadenas
Nacido en la Ciudad de México el 27 de enero de 1950, su historia con la hotelería comenzó casi por azar en 1968, gestionando reservaciones en el Aeropuerto Internacional de la CDMX. Sin embargo, fue en el emblemático Hotel Aristos de la Zona Rosa donde descubrió que su destino estaba en el trato directo con el huésped.
Desde esas primeras funciones como botones y recepcionista, Arturo comprendió que la excelencia reside en los detalles. Esa humildad para aprender desde las bases le permitió escalar de forma orgánica, formándose en la Escuela Mexicana de Turismo y ocupando, con el tiempo, direcciones en cadenas de prestigio mundial como Hilton, Radisson y Fiesta Americana. Su carrera lo llevó a recorrer medio país, pero nunca lo hizo solo; su familia siempre fue su equipaje más valioso, acompañándolo en cada nuevo reto.
Esta trayectoria de esfuerzo, su participación como miembro de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística y su invaluable contribución al desarrollo profesional en México le valieron una de las más altas distinciones: el Doctorado Honoris Causa otorgado por el Claustro Doctoral Honoris Causa, un reconocimiento que celebró su liderazgo y su compromiso ético con la sociedad.
Querétaro: El hogar de sus últimos grandes proyectos
Hace dos décadas, Arturo llegó a Querétaro para quedarse. En los últimos años, su liderazgo encontró un eco profundo como Vicepresidente de Turismo de la Cámara Nacional de Comercio (CANACO). Desde este espacio, no se limitó a la gestión administrativa; se convirtió en un motor de cambio.
Su visión trascendió la operación hotelera para enfocarse en la formación de las nuevas generaciones. Fue el fundador de la carrera en Gestión de la Hospitalidad y Servicios Turísticos en la Universidad de Londres Querétaro, dejando una huella académica imborrable al estructurar programas que profesionalicen el sector en el estado. Este compromiso con la educación se reflejó también en su impulso al Hotel Escuela y su labor como promotor de la integración regional.
Su compromiso con la comunidad lo llevó a participar activamente en diversos consejos ciudadanos de turismo, tanto estatales como municipales, donde se convirtió en un puente para el desarrollo. Fue, además, un apasionado impulsor de la riqueza culinaria del estado como cofundador y promotor del festival gastronómico ‘A qué sabe Querétaro’, un proyecto que consolidó en estrecha colaboración con figuras de la gastronomía y autoridades locales para poner en alto el sabor de nuestra tierra.
Desde estos espacios, brindó un apoyo incondicional a sectores diversos, con una sensibilidad especial hacia el empoderamiento de la mujer en el sector productivo. Colaboró estrechamente con asociaciones como AFEET, AMMJE y diversas agrupaciones de mujeres empresarias, así como con artesanos, pequeños productores y gremios profesionales, reafirmando su creencia de que el progreso solo es real cuando es compartido y llega a todos los rincones de la sociedad.
Arturo veía potencial donde otros veían distancia: trabajó codo a codo con municipios como Tolimán, Colón, Ezequiel Montes y Huimilpan en diversas iniciativas, convencido de que el turismo debía ser una herramienta de crecimiento para todos.
Su compromiso con la profesionalización y la fraternidad del sector lo llevó también a ser una pieza clave del Club Skål Bernal 746. En esta organización mundial de líderes del turismo, Arturo personificó el valor de la amistad como motor del desarrollo. Recientemente, había sido distinguido por sus colegas al ser elegido como Secretario del nuevo comité, un cargo que aceptó con el entusiasmo que siempre lo caracterizó y que, aunque el destino no le permitió ejercer, queda como testimonio del alto respeto que inspiraba entre sus pares.




La filosofía del «Cómo Sí»
Quienes tuvieron la fortuna de trabajar con él o de llamarlo amigo, coinciden en una frase que lo definía: «Hay que buscar el cómo sí». Para Arturo, el «no se puede» era simplemente una invitación a la creatividad. Tenía una capacidad única para vincular sectores aparentemente inconexos, logrando que empresarios, artistas y autoridades colaboraran en proyectos comunes.
Más allá de los títulos y los cargos, su faceta más luminosa era la humana. Fue un hombre profundamente cariñoso y el pilar inamovible de su familia. Su apoyo era incondicional; para él, ayudar a un amigo e impulsar sus proyectos era una labor que realizaba de manera desinteresada, con la satisfacción de ver crecer a los demás. Además, siempre estaba dispuesto a asesorar y aconsejar a todo aquel con quien colaborara, transmitiendo décadas de experiencia para asegurar que cada iniciativa llegara a buen puerto.
Un legado que permanece
Juan Arturo Ruiz Galván no solo dejó proyectos funcionando; dejó una escuela en el sector basada en la calidez, la resiliencia y la generosidad. Su ausencia se sentirá en los pasillos de CANACO, en las reuniones del Club Skål y en cada rincón de Querétaro que tanto promovió. Sin embargo, su espíritu seguirá vivo en cada prestador de servicios que sonría a un viajero y en cada líder que, siguiendo su ejemplo, busque siempre el «cómo sí».
Descanse en paz un caballero de la hospitalidad, un maestro del servicio y, ante todo, un gran ser humano.

