Hablar de la historia contemporánea de Querétaro sin mencionar a José Antonio González, “Josecho”, sería dejar fuera uno de los pilares silenciosos pero fundamentales que dieron identidad, prestigio y proyección turística a la ciudad. Su nombre no solo identifica a un restaurante emblemático, sino a una forma de entender la gastronomía como cultura, hospitalidad y motor de desarrollo.
A lo largo de más de cuatro décadas, Josecho ha sido mucho más que un empresario restaurantero. Ha sido anfitrión, formador, visionario y guardián de una cocina que, sin estridencias, ayudó a colocar a Querétaro en el mapa gastronómico nacional cuando aún no se hablaba de “destinos gourmet” ni de turismo gastronómico como hoy lo entendemos.
Un restaurante que se volvió referencia
Desde la apertura del restaurante Josecho en 1981, su propuesta se distinguió por algo que hoy parece evidente, pero que en su momento fue disruptivo: calidad, constancia, elegancia sin exceso y respeto absoluto por el comensal. En sus mesas se reunieron familias queretanas, viajeros, empresarios, artistas y figuras nacionales, haciendo del restaurante un punto de encuentro donde la ciudad se contaba a sí misma.
No fue casual que el restaurante Josecho fuera reconocido entre los mejores restaurantes de México. Su prestigio se construyó día a día, plato a plato, servicio a servicio, bajo una premisa clara: hacer bien las cosas, siempre.
Gastronomía como identidad turística
Antes de que Querétaro fuera reconocido como destino turístico consolidado, Josecho ya estaba construyendo reputación para la ciudad. Cada visitante que cruzaba la puerta de su restaurante se llevaba una experiencia que hablaba de orden, hospitalidad y buen gusto, valores que hoy distinguen al estado.
Su cocina —de raíces mexicanas, con influencia internacional y profundo respeto por el producto— contribuyó a definir una identidad gastronómica queretana contemporánea, sobria, honesta y de alta calidad. En ese sentido, Josecho no solo cocinó platillos: ayudó a cocinar la imagen turística de Querétaro.


Un empresario con visión de ciudad
La aportación de José Antonio González va más allá de un solo restaurante. Con proyectos como Mesón de Chucho el Roto, La Hoja Café y Casa Verde, impulsó diferentes conceptos que ampliaron la oferta gastronómica local y generaron empleo, formación y cadenas de valor.
Su trayectoria ha sido reconocida por organismos como CANIRAC, que le otorgó el Premio al Mérito Restaurantero, distinción que refleja no solo éxito empresarial, sino ética, perseverancia y compromiso con el sector.
Formador de generaciones
Quizá uno de los legados menos visibles, pero más profundos de Josecho, es el humano. Cocineros, meseros, administradores y gerentes encontraron en sus restaurantes una escuela de vida profesional. Su forma de trabajar dejó huella en generaciones que hoy replican esos valores en nuevos proyectos gastronómicos dentro y fuera de Querétaro.
Un referente que trasciende el tiempo
En una época donde la gastronomía suele medirse por modas, redes sociales o aperturas efímeras, la historia de Josecho recuerda que la verdadera trascendencia se construye con constancia, coherencia y amor por el oficio.
José Antonio González “Josecho” es hoy un referente de la cocina con identidad queretana, un símbolo de que la gastronomía puede ser cultura, empresa y turismo al mismo tiempo. Su legado vive en cada mesa bien puesta, en cada plato honesto y en cada visitante que, gracias a experiencias como la suya, entendió que Querétaro no solo se visita: se saborea.
Porque hay ciudades que crecen por sus edificios,
y otras —como Querétaro— que también crecen gracias a quienes supieron servirlas con dignidad.

