Esto sabemos: la tierra no pertenece al hombre; el hombre pertenece a la tierra. Esto sabemos: todo va enlazado, como la sangre que une a una familia. Todo va enlazado. (p 11)

“Atoyocan Bernal” Fernando Pérez Landín Palacio

 

¡POESÍA, POESÍA!

Stephan llega puntual a la cita y ocupa la mesa más cercana al añoso y retorcido árbol, justo en medio de la terraza escénica del Hotel-Restaurante El Mezquite. Llama su atención el dulce aleteo de un coro de gorriones que trinan alocados. Recuerda las últimas líneas de la obra inacabada, anoche mismo. El poeta queda volátil y por un momento lo envuelve una sensación de bienestar, acompañada del rostro de su esposa Julieta. Este momento de gozo lo invita a llevar al texto este momento mágico y refinar así la obra que dejó en suspenso. Saber que Julieta está intacta y recordar esa dulce sonrisa de despedida, vuelve a energizar su creatividad al recordar la mirada femenina y húmeda, regalo abstracto ribeteado con una moña roja. Los esposos están enamorados. Absorto no se percata que una joven le ofrece café

  • No gracias, disculpe mi distracción. Prefiero un té negro.
  • ¿Algo más? ¿Espera a alguien?

Agitando la mano, apurado y alegre como siempre, aparece Emiliano saludando a su amigo. Éste es dueño de una tienda desde hace dos años, vendiendo artesanías locales y  en especial las provenientes de Oaxaca y Michoacán. Le pareció buena idea aceptar la sugerencia de unos familiares medio lejanos nativos de Bernal, por lo que convencido, se arraiga en el Pueblo Mágico. Invita a Stephan por un fin de semana al tranquilo ambiente de su nuevo hogar. Así podría descansar de la presión a la que estuvo sujeto por un accidente de su esposa Julieta,  pero también por refrescar la amistad que los une desde pequeños y  particularmente por que admira la obra literaria de su amigo.

  • Discúlpame por favor amigo, anoche me llegó un pedido de Paracho y me atoró. Yo sé que sabes entretenerte mientras llego. Para un poeta, un simple momento de silencio es tiempo de robar colores, sonidos, expresiones, miradas, texturas y murmullos, tiempo dorado que nadie conoce, salvo tú, desde tu cerebro y tu alma. Se abrazan largamente en un momento que los aprisiona espiritualmente.

Ordenan el desayuno y poco a poco se va dando la oportunidad de comentar  los hechos que convulsionaron meses atrás, la vida de Stephan y un accidente de su esposa.

-¿Tromboembolia Pulmonar de Alto Riesgo? ¿Dios mío y eso qué es? Exclama  Emiliano.

  • Posterior a las operaciones a las que se sujetó Julieta con motivo de una caída, todo debía ir sobre ruedas, pero…….el joven queda callado y ve cómo la piel aún se le enchina……
  • Pero….. Emiliano da un tiempo a Stephan
  • Ya en casa y convaleciente, con una férula impuesta por un esguince de segundo grado en el tobillo y una pequeña fractura en el peroné, le recomiendan reposo. Al quinto día le quitan la férula y le calzan una botita ortopédica por tres semanas. Como al séptimo día, Julieta presenta un cuadro extraño: dificultad para respirar, agitación con cansancio extremo sin aparente causa. Al hospital. Pocos minutos faltaron para algo fatal, pero una luz divina me puso en el lugar correcto, el médico correcto y el tiempo correcto. Después de un proceso de cateterismo de vanguardia y un tremendo deseo por vivir de Julieta, mi adorada compañera, se salvó. Emiliano no pierde detalle y pregunta
  • ¿Así de grave estuvo entonces la cosa?
  • Sí, ha sido una experiencia de vida para ambos. Eventos que aparecen de la nada y que prueban la fragilidad de nuestra existencia. Regresamos a casa dando gracias a Dios. Además del valor emocional, el espiritual y por supuesto el físico, contratamos hace un par de años, una póliza de gastos médicos mayores que pudo cubrir la factura, si no, me verías ahora con un sólo un ojo ¡El otro se habría quedado en el hospital! Pero eso es lo de menos, ¿No es cierto?
  • Pero ella está ahora sana y salva, ¿No? Se distrae y pide un jugo de naranja con apio, más con la intención de que Stephan tome un respiro. Continúa más calmado
  • Aprendí mucho en los doce días que permanecimos en el hospital. Me desgarraba por dentro y el miedo se apoderaba de mí por las noticias no muy alentadoras. Con este sufrimiento a cuestas, mientras me afeito una mañana, decido enfrentarme a mis miedos y decido levantarme y crecer. Mira, mostrando sus brazos: estos fueron las herramientas. Un tronco plagado de frágiles ramas atemorizadas, las convierto en riendas y ser el conductor de este reto que la vida me puso enfrente. Me concentro y dejo el lloriqueo a un lado.

Así continuaron hablando del asunto y sus detalles, hasta las 12:00. Se preparan para despedirse cuando se percibe en ambos una sensación de tranquilidad que los obliga a permanecer callados. – Misión cumplida – dice para sus adentros Emiliano, festejando la soberana presencia de la Peña.  Confirman la entrañable amistad entre ellos, prometiendo volver a verse pronto.  Emiliano aún impresionado y ya en su auto, – ¿Cómo reaccionaré ante una situación así? Me da miedo, sí, pero también creo que la vida te hurga y saca lo mejor de ti, liberando las herramientas que duermen en tu pecho y en tu alma. Arranca el auto y toma rumbo hacia el próspero negocio.

Julieta al despedir a su marido por la mañana, lo hace con dulzura. Sabe que quedará sola, pero convencida de que hoy estará menos sola que nunca. Terminó de desayunar y sintió el deseo de ir a su estudio para retomar los pinceles y trabajar en su nueva obra y terminar ese jueves. Va al cuarto de baño y se observa en el espejo. Le llama la atención su pelo corto como de adolescente, lo acicala, lo acomoda: – No, no me veo mal -. Sólo lo rocía, con la brevedad de una golondrina lo hace cada mañana.

Abre la cortina del estudio para tener luz suficiente. Acomoda sus utensilios y observa sus manos blancas cruzadas por venas azules e intensas. Se siente poseída, plena, echando la cabeza para atrás, como en trance. Camina unos pasos, sintiendo un ligero dolor en el pie derecho. Se sienta en un pequeño taburete forrado de terciopelo azul que tiene a la mano y la invade una sensación extraña, profunda y que la llena de emoción: ¡Está viva!  Envuelta por el espíritu del hombre, del poeta, del artista, por el ser humano que la salvó de una ausencia definitiva.

Este cobro de conciencia de quién es, dónde está y para qué, hace que Julieta,  la adolescente y la mujer madura, la compañera leal, hecha de acero, se sienta plena y feliz estando sentada en el taburete de su estudio. La vida unió a dos artistas y el destino los puso a prueba. Dos almas fundidas compartiendo la obra que Dios les encomendó al heredarles el Paraíso: la pasión en sus almas, el don de la sensibilidad, su casa, los lienzos, las poesías, sus amigos. El peroné lastimado, cosa menor. Hoy las esperanzas, la fe en el futuro y las letras convertidas en melodía, serán el marco.

Emilio Castelazo
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Emilio Castelazo

Nació en Celaya, Gto. En 1939.
Vive en la Ciudad de México. 1940-1966.
Radica en Querétaro desde 1966: 50 años.
Academia: Sociologo, UNAM.
Sector Privado: Industrial.TREMEC.
    -Representante organismos nacional y locales.
Sector Público: Turismo. Gobierno Estatal.
Sector Social:
    -Consejero ciudadano e institucional de Turismo.
    -Consejero Querétero-Lee, A. C.
Columnista narrativo – 2013 a la fecha.
Correo: e_castelazo@hotmail.com
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