JORNADA

En vista de que era jueves, día regular de trabajo, Raúl, futuro amigo de aventuras de Fernando, se disculpó con éste por no poder acompañarlo en esta jornada de reconocimiento a Bernal, Pueblo Mágico. Este hecho no lo incomodó, sino al contrario, puede decirse que hasta se sintió mejor. Fernando es un poco “lobo solitario”, rasgo personal y profesional predominante. Trabaja mejor estando solo.

  • ¿Quieres que te lleve, gordito?
  • Mira, quiero experimentar esta aventura estando solo y mi alma. Gracias. Me iré en camión, llegaré a la Terminal de Autobuses tomando la ruta 85 que pasa a dos cuadras de aquí. Haré de cuenta que no tengo carro, como la mayoría de la gente.
  • Me hubiera gustado mucho acompañarte, pero ya sabes……
  • Claro, no te preocupes. No sé si podré regresar hoy mismo. Lo mejor es que aproveche al máximo esta visita a Bernal. Te aviso con tiempo. Fernando da un beso a su esposa Andrea y sale con rumbo a la Terminal de Autobuses en Querétaro.

Llega a ésta con la firme intención de subirse a un autobús de la línea Flecha Amarilla, calculando llegar a Bernal entre 10 y 11 de la mañana. Iba de buen humor, gozando el frescor de una mañana abierta y soleada, clima muy propio del alocado mes de febrero.

La actitud de nuestro viajante es la que corresponde a un profesional que investiga: serio, concentrado y anotando cada detalle en el asunto que busca llevar al cabo.

  • Su autobús sale a las 9:35, está por salir de la plataforma, le dice la joven en la ventanilla. Si se apura….Paga $44.00 con su tarjeta bancaria y sale apurando el paso.
  • ¿Perdón, este es el que sale a Bernal? El chofer, en una actitud incómoda y seca, responde
  • Sí, ¡súbale!
  • Perdón, ¿Cuánto tiempo le toma llegar a Bernal?
  • No sé, depende…..una y media, a la mejor, hasta dos horas.

Le sorprende el tono poco servicial de la respuesta y se conforma con la información que le dieron en la ventanilla: la jornada llevaría una hora, considerando paradas intermedias. No hace caso de las respuestas ácida del operador y se acomoda a mitad del vehículo. Se convierte en una esponja: absorberá todo lo que ocurra. A partir de ahora, todo será nuevo y formará parte de una insólita y emocionante aventura.

La capacidad del autobús apenas alcanza un 30-40% y la travesía se desarrolla sin mayor incidente. Esto es común entre semana, mientras que los viernes, sábados y domingos, la Terminal se convierte en una romería, gracias al tráfico que se genera con miles de hombres y mujeres que van y vienen de su lugar de origen, a los centros de trabajo que los demandan. El autobús, cuya comodidad es buena, sale en el tiempo anunciado y durante el recorrido hace dos o tres paradas, en puntos estratégicos. Fernando atisba por la ventana, recorriendo la cortinilla y ve que el día conserva su clima y continúa con su tarea de organizar un guion para la visita al Pueblo Mágico. En realidad, para esta experiencia, no se requiera mayor planeación, pero él prefiere exagerar a quedar rebasado por las circunstancias. Un viaje así, lo único que exige es tener un diseño básico mental y lo demás, dejarlo a la casualidad y a la buena fortuna.

Después de una hora exactamente, llega el autobús a una comunidad organizada y limpia: la Av. Juárez. Por el tiempo transcurrido, Fernando asume que es Bernal, y espera a que haga una parada final. Pronto se da cuenta de que Bernal no es un destino final, sino un punto de paso hacia la cabecera Municipal de Tolimán. Se percata de que el autobús sale a tramo carretero ¡Dejando atrás a Bernal! Salta como un felino.

  • Sí, Bernal está atrás, ahora voy para Tolimán, ¿Se baja aquí o se va hasta Tolimán? No me avisó que bajaría en Bernal- Fernando tiene que decidir en una fracción de segundo. No está para argumentos, pues el vehículo viaja a 85 kms. por hora. No discute con el seco operador y dice: -¡No, aquí me bajo, gracias!- Pronto se da cuenta de que este tropiezo es parte de la aventura. Siempre creyó que Bernal era un destino final, pero acepta que simplemente se equivocó. Para sus adentros, confiesa: -El baboso sí sabía que, por lo menos alguien tenía como meta a Bernal: debió recordar que ese alguien le preguntó cuánto tiempo tomaría llegar a Bernal.

La misma embarazosa historia ocurre a una turista costarricense que por primera vez visita Bernal. Siendo persona de la tercera edad, igual toma con filosofía la experiencia y así, los contrariados personajes de buena gana aceptan la situación y sin más, acomodan sus maletines al hombro y de regreso, caminan dos kilómetros, durante los cuales platican de los motivos de su visita al Pueblo Mágico. Se hacen compañía y pronto se  encuentran sobre su lado izquierdo, con la monumental Peña (De las tres más altas del mundo, elegida como una de las ‘13 Maravillas Naturales de México’ y estar ubicada en un punto geográfico, declarado como ‘Zona Natural Protegida’. Además, e igualmente por su ubicación, La Peña está íntimamente ligada al sitio conocido como “Lugar de Memoria y Tradición Viva del Pueblo Otomí-Chichimeca de Tolimán”).  Se paran instintivamente al advertir lo colosal del monolito. Sienten extrañamente, que esa enormidad demanda su atención. La observan por unos momentos y tomando nuevos aires, la compañera de esta corta aventura, le pide guías para llegar al cuerpo del pueblo. Fernando, simplemente le dice

  • Mire, usted solo baja por esta callecita, por aquí, y siga en dirección a la mole de piedra que será su guía finalmente: ¡No se perderá, estoy seguro! Ambos festejan riendo y se despiden con cordialidad. Ni la casualidad los volverá a reunir –así ocurre cuando se viaja: casualidades que estimulan, pero que son cortas y se escapan como un chasquido. Se van al costal de los recuerdos.

Al quedar parado en el mismo sitio y por primera vez, Fernando reacciona y se da cuenta que frente a él está La Peña: lo ataca de pies a cabeza, una corriente especial. No había tenido el tiempo para preparase para un encuentro así –imposible saberlo-. La percibe  por primera vez, grande, regia y misteriosa. La escudriña por todos lados y sin el menor recato. Se siente satisfecho ante esta explosión mágica e inesperada. Algo similar a la sensación de aquella mirada, de donde surge un amor el a primera vista. Conforme pasen las horas, podrá gozar mejor esta sensación electrizante. Se siente contento y con entusiasmo, se prepara para el siguiente paso en su joven aventura. – ¡Hola, soy Fernando! – le dice y hasta siente en el cerebro una voz que le contesta. Cosas de locos, locura sana, pequeños estallidos de felicidad, que sólo podrán surgir cuando se viaja. – ¡Esto lo deben conocer todos!- confirma con plena convicción.

Los miles de años de Historia de La Peña, están dibujados, arraigados en ella, en innumerables huellas dejadas por los asentamientos humanos que ahí encontraron refugio. Las expresiones culturales de siglos están a flor de piel.  A cada paso, Fernando o cualquier visitante, será testigo de esta ruta apasionante de la Historia. Comienza a formarse en la cabeza de Fernando, la idea de que Bernal, no es un simple rincón hermoso en México. Su Peña icónica, simple y llanamente, está ligada a la azarosa y milenaria vida del azul Planeta Tierra. Desde entonces, hasta nuestros días.

Está parado sobre la Calle Juárez –como en toda población mexicana-. Se da cuenta que está parado exactamente frente al Hotel Feregrino, lugar de imagen agradable y aseada, gracias a un hábil diseño arquitectónico en tres niveles. Se puede apreciar el esmero puesto en las áreas ajardinadas, llenas de colorido, gracias al clima tan generoso de la zona. Los propietarios han puesto especial interés en conservar en su imagen, las tradiciones locales.  La primera impresión de nuestro aventurero turista, corresponde al de un edificio, que va acorde con el sello de un Pueblo Mágico: ordenado y limpio. Este rasgo en la comunidad bernalense, es distinto de aquella propia de los pueblitos mexicanos. El orden y la limpieza ya es parte de la espiritualidad y su deseo de superar escollos. El bernalense desea mostrar amor por su lugar de origen. A partir de ahora, Fernando irá comprobando que Bernal, como Pueblo Mágico, no se trata de una comunidad ajena a estos valores. No es una comunidad cualquiera.

Lo atienden dos jóvenes en una pequeña oficina de Recepción. Una de ellas, la Gerente, le platica de las características sobresalientes del Hotel y le muestra dos habitaciones. Se decide por la que tiene una deliciosa cama King-Size y es de una amplitud generosa. El precio está dentro de los parámetros de un hotel de 4 estrellas. En el Hotel Feregrino, Recientemente remodelado, todo brilla de limpio y aseado. Para Fernando, la fórmula costo-beneficio es importante: el precio –alto o bajo- deberá siempre ir acompañado de calidad, esmero y respeto por lo que el cliente significa. Durante el recorrido por las habitaciones, la Gerente le dice:

  • Esta habitación está lejana al ruido exterior. Desde este punto se sentirá como usted como ¡En un Convento! Este detalle lo agradece el nuevo cliente, pero Fernando es inmune a estos ruidos: duerme normalmente como un bebé recién alimentado por el pecho materno.

Son las 4:30 de la mañana y el canto de un gallo llama su atención. Acostumbrado desde muy joven a estar despierto muy temprano, antes de sus rutinas deportivas, e inclusive sin utilizar el despertador, el canto tempranero lo alerta, apenas abre los ojos. Comienza a organizar el día en su cabeza.

A las 9 en punto, sale del Hotel Feregrino y se alista para ir a la plaza principal, lugar por donde debe comenzar toda aventura que se considere seria. Desde el corazón mismo de un ciudad grande o pequeña. Esa es la matriz donde radica toda energía humana. De ahí surgirá todo lo sorprendente, bello y mágico de una comunidad dinámica y vibrante, vestida y adornada con seres humanos, propios o extraños. Las ciudades serán en función de quienes las habitan y las recorren, las limpian, las barren, las admiran y las reprochan. Las ciudades, más cuando son patrimoniales, deben ser defendidas y dignificadas por sus propios habitantes depositarios de su Historia y un profundo legado espiritual.

Abandonado a su suerte, inspirado en el vago deseo de conocer a Bernal, comienza su visita caminando. Así, caminando terminará.

Recuerda su recomendación a la compañera de sus desventuras, – la señora costarricense -, de dejarse caer solamente por una callejuela. Y se deja caer sobre la calle Allende. Pronto los encuentros sabrosos aparecen: Un poco antes del Portal El Baratillo, se encuentra el señor Antonio, quien ofrece al viajero y en un tono festivo e ingenioso, pedazos de dulce-ate de tres sabores –- hecho en casa. –De regreso estaré con usted don Antonio- promete Fernando al singular personaje, quien tiene en renta habitaciones de bajo costo, negocio generalizado en el pueblo, sabiendo que su mercado es solo para fines de semana –viernes, sábado y domingo-.  Todo esto comienza como una colorida y sabrosa bienvenida, constantes en el resto de su recorrido del primer día. Al final de la calle Allende, está una vieja tiendita que fuera la cabina telefónica del pueblo por muchos años-ahora son recuerdos y memoria acumulada, habiéndose convertido en un auténtico museo de sitio: Así como  fue, aún se conserva, intacta! -. La señora Velázquez, sobrevive a las tres hermanitas que llegaron a administrar esta reliquia: siendo Rafaela – Rafa – la mayor. Es una joya de más de 70 años de establecida (Su primera dueña fue la señora Mariquita Cabrera,  única proveedora de gasolina en pequeños bidones y quien logró organizar con un solo autobús el primer servicio de transporte, enlazando el pueblo de Bernal con la capital del Estado).

La tiendita de la familia Velázquez, apellido de doña Rafa, se encuentra en plazuela en la que convergen tres arterias y alberga una fuente pequeña al centro. Justo en una las márgenes, hallamos El Portal del Baratillo. Le llama la atención a Fernando quien saca emocionado y por primera vez, su celular en la modalidad de cámara: –  ¡Uta! Exclama. ¡Qué belleza! Se para en el vértice de este sitio y admira el entorno. Algunas miradas lo perciben, pero para él, nada importa por el momento. Las ideas comienzan a surgir en el ánimo de Fernando. La emoción es rebasada por la urgencia de desayunar: tiene hambre y apura el paso, dirigiéndose al Jardín Principal, objetivo primario. Recorre antes el Jardín y de nuevo, se percata de la limpieza y en orden imperantes. Ve a un costado: Museo Rosalío Solano-bernalense, importante fotógrafo de la Época de Oro del cine mexicano-. Curioso el joven turista, se acerca y se percata del contenido del recinto. En uno de los muros exteriores del Museo, en una manta grande, lee la descripción de “La Ruta de Las Cruces”. Le llama la atención y promete recorrerla cuando llegue el momento.

Llega finalmente  a un restaurante bien armado en el mismo Jardín Principal: Di Jireh, que así como ofrece un extraño nombre, ofrece igualmente un menú mexicano a través de una simpática joven, vestida a la usanza local. Fernando ordena unos ‘Huevos Albañil’, picosos. Pasa un momento muy agradable y bien atendido, observando que los precios son aceptables para él, pero lejanos para consumidores de niveles de ingresos bajos. Retoma ánimo y decide continuar su recorrido que terminará hasta el día siguiente.

Hace largos y entretenidos recorridos a pie, encontrando personas, sitios, rincones y emociones sin parar, a pesar de que Bernal está semi desierto de visitantes. Descubre una comunidad que muestra signos de la ciudad ancestral que es, pregonando su identidad y cultura. Bernal se muestra como una ciudad con logros importantes en el rubro turístico, con avances importantes, integrando servicios y productos de calidad, rebasando una oferta estrechamente tradicional. Sin embargo, el tono de lo autóctono se mantiene gracias a la sinceridad de las voces y a los esfuerzos de una comunidad local, organizada en forma de asociaciones civiles, aferrada a lo que considera les corresponde por derecho histórico. Fernando queda convencido de que gracias al amor por su patria chica, los bernalenses han podido lograr la distinción de ser Pueblo Mágico desde el año 2006, fecha de su declaratoria. Termina el primer día de visita y al irse a la cama, después de un reconfortante baño, se dice: -Caray, no recuerdo haber visto un solo perro callejero – y sonriendo se dejó envolver por el calor de la sabrosa sobrecama.

Agotado, después de caminar con intensidad dos días, Fernando se apresura a esperar la última corrida de autobuses, con destino a Querétaro. No hay facilidades para esperar con comodidad, por lo que se sienta sobre la banqueta de piedra cantera rosada, impecable. Son las 16:45 y el transporte llega a las 17:25-. Tal y como en los viejos tiempos: llueva, truene o relampaguee, el usuario debe permanecer parado o recargado o sentado en una piedra o a puro pelo, como nuestro aventurero, en la banqueta. Es notable la falta de congruencia entre el notable crecimiento en todos los órdenes de Bernal como Pueblo Mágico, y la pobre calidad de los servicios de transporte público, en beneficio de los visitantes, que cada vez son más y de mejor nivel social, cultural y económico. Este servicio está diseñado exclusivamente para un público bien distinto al turístico. Atiende a una población flotante –obreros, trabajadores y empleados- entre las distintas comunidades del Estado y la capital del mismo, personas que van y vienen incesantemente en un interminable flujo, haciendo que este negocio sea altamente redituable para los empresarios del transporte. Estos mismos empresarios, la sociedad civil, junto con los esfuerzos estatal y municipal, son los que deben buscar ofertar un servicio con un enfoque específicamente turístico –al menos para los fines de semana-, atendiendo a un flujo cada vez mayor, de turistas de nivel socio económico diverso, particularmente los que no tienen automóvil. Existen personas o grupos que aun gozando de un automóvil, preferirían visitar Bernal, siendo llevados por servicios de transporte de calidad y a buen precio. Esta debe ser una tarea prioritaria para las autoridades y la sociedad civil organizada de Bernal.

Igual que de ida, el autobús hace una hora de regreso. Aún con algo de luz en la capital, el scout viajero regresa a la ciudad de Querétaro, con libreta y  cabeza llenos de información, con folletería de excelente calidad, todo listo para organizar un emocionante viaje familiar. –

  • Ha sido un acierto esta jornada de “escauteo”. Me cansé y eso es buena señal. Escribiré mis recomendaciones a Raúl para nuestro primer viaje a Bernal. Me tengo que apurar a ordenar la información y mis ideas. Tiene que ser este fin de semana, antes del lunes.

 

Emilio Castelazo
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Emilio Castelazo

Nació en Celaya, Gto. En 1939.
Vive en la Ciudad de México. 1940-1966.
Radica en Querétaro desde 1966: 50 años.
Academia: Sociologo, UNAM.
Sector Privado: Industrial.TREMEC.
    -Representante organismos nacional y locales.
Sector Público: Turismo. Gobierno Estatal.
Sector Social:
    -Consejero ciudadano e institucional de Turismo.
    -Consejero Querétero-Lee, A. C.
Columnista narrativo – 2013 a la fecha.
Correo: e_castelazo@hotmail.com
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