EL LIBRO DE LA VIDA.

1.

“Luis, Luisito como le dicen, ya es un hombre mayor. Camina viendo al suelo, con la cabeza gacha e íntimamente confiesa: esto que siento es miedo, un absurdo miedo de ir a dormir, a encerrarme en los cobertores, sudando las sábanas. Sé que no es el miedo que me asaltó de niño. Entonces, aseguraba que un monstruo, esperaba bajo mi cama y que apenas bajara, haría trizas de mi cuerpo. Eran los efectos de la calentura por una sinusitis arrebatada. No soportaba la luz, todo mi mundo infantil hecho añicos. No, hoy no se trata de ese miedo. El miedo de hoy, es distinto, es pastoso, más destructivo que el imaginario monstruo debajo de mi cama. Este miedo no es producto ni de la temperatura alta ni de una pesadilla.”

“Mi miedo resulta de vivir en esta soledad cotidiana, rasposa y ácida. Miedo al saber que no encontraré nada al extender la mano en la oscuridad de la alcoba, -busco tocar algo, algo sencillo y simple, no pido mucho, una compañía gentil, podría ser, no sé-.  Sólo he de toparme cada día con un espacio duro, abstracto y, obvio, sin contenido; sin música, sin formas ni respiración alguna. Siento tanto miedo de enfrentarme a mis fantasmas y a mis negruras. Ni el Dios misericordioso, tantas veces invocado,  ha sabido hacerme compañía.  ¡Dios mío, hazme caso! Y Dios que no me contesta. Dios no hace caso de los necios que deciden esconderse en los silencios egoístas, sordos, añejos. Miedo a no saber cómo hacer perdedizo el miedo. Miedo trémulo y generoso ya arraigado en el cerebro.”

2.

“Luisito -como le dicen- un día cualquiera amaneció limpio de culpas y remordimientos. Luisito, Luis,  un día amaneció limpio y sin extrañar compañía alguna. Tuvo que salir al mundo y conocer el miedo a la soledad –cara a cara- y los hizo sus amigos. Tomó un costal y varias cajas: encerró como deshecho, recuerdos ingratos e inútiles. Está ahora, en la misma alcoba -antes saturada de miedos-, sólo que ahora está limpio y conciliado, renovado. Finalmente, pudo hacerse amigo del miedo -hermano de la   soledad- y resulta que ahora pasean los tres juntos, cuando el hombre mayor escribe cuentos y locuras.”

3.

Este hombre maduro, pareciera que es un niño: sigue aprendiendo lecciones en el Libro de la Vida”.

ANGEL MÍO.

Buenas noches, dijo ella y la oscuridad en la alcoba, se apoderó de ambos. Es tiempo de descansar y obedecieron. Para ella, es tiempo de planear las tareas y los pendientes de mañana, ¡Son tantas cosas las que hay que hacer!  No resiste e interrumpiendo sus preocupaciones y va a asomarse al cuarto de los niños: 2. Se da cuenta que está realmente agotada, regresa a la cama y observa a la tenue luz de una lámpara de ambiente, el perfil enérgico de su marido. Desea tocarlo, pero no se atreve. Sonríe y agradece al ser amado, el esfuerzo que realiza cada día: mañana te veo ángel mío. Con ello, logra conciliar el sueño, abandonándose al subconsciente que la lleve al mundo de las esperanzas, como abonando los espacios para la segura felicidad para sus hijos.

Él, siendo las 6:00 de la mañana, se incorpora mecánicamente. Envuelto en la oscuridad del horario de invierno, camina hacia el cuarto de baño y se pone la bata. Regresa con la intención de observar a su mujer, sintiéndola su compañera, con la placidez que regala un rostro auténtico y bello. Admira las largas pestañas. El cutis y los labios intactos, tal como son, sin matices artificiales. Sonríe y agradece a este frágil ser humano, el esfuerzo cotidiano. Con una voz suave y cálida, susurrando, le dice: buenos días ángel mío.

Sin aspavientos, sin ruidos ni regalos, sin abrazos o beso alguno, estos dos seres humanos confiesan su mutuo amor en la intimidad de sus vidas, en el silencio de la alcoba, musicalmente, con el mejor lenguaje del alma, lenguaje con el que se perfuma el ambiente de cualquier casa. Energía encapsulada: pura y perfecta.

EL BAZAR DEL VIAJERO

  1. BERNAL, QRO. Pueblo Mágico.

Candelaria –Cande- decide reunirse con Andrea para tomar un cafetín en el centro histórico de Querétaro, su hogar. Son jovenes y aman la vida, aman todo lo suyo. Aman a todos y a todo, nada más porque sí, sin saber que esta explosión es auténtica parte de su naturaleza. Ahora brincan literalmente como cualquier niña que sale liberada al recreo. Así, como dos amiguitas escolares, se reúnen con el deseo ferviente de hablar y hablar, para después seguir hablando, hasta que las gargantas queden exautas y resecas. No importa, hay cansancios que dejan residuos de alegría sana y trascendente. Lo que estas mujeres hacen, es declinar el verbo amar, amando a su prójimo, tal y como lo dicta la filosofía de cualquier religión.

  • ¿Listas? Con voz cantarina pregunta Andrea a su amiga Cande.
  • ¡Claro! No te imaginas lo exitada que estoy con esta visita a Bernal……ya comencé a leer algo sobre este pueblito.
  • ¡Ay tú, no le digas así! Se oye como si minimizaras su importancia.
  • Es que mira, yo vengo de Monterrey y ya comparados……
  • Pues sí, pero…..
  • No, yo le reconozco su importancia y su belleza, pero en realidad no se trata de hacer comparaciones con nada ni con otras ciudades. Todas tienen su importancia y su personalidad muy propia. Como todo ser humano: Somos de naturaleza idénticos, pero con perfiles bien distintos.
  • Es cierto, cada comunidad, por decirlo de esta manera, tiene lo suyo, su historia, sus atractivos, sus personajes y sus sitios especiales. En el caso de Bernal, por ejemplo, fue un sitio estratégico durante el proceso de conquista, como un punto importantísimo dada su situación geográfica, la mera entrada a la zona serrana.
  • ¿Cómo es eso?
  • He tenido la oportunidad de leer algo sobre este episodio de Villa de Vernal, -con ‘v’ chica, en la escritura del antiguo Castellano -. Como te digo, es la entrada al semi desierto, antesala de la inexpugnable Sierra Gorda –pequeña porción de la región Huasteca, comaprada con las de Tamaulipas, Hidalgo y Vercarúz -. Bernal pues, resultó ser un bastión polítco-militar que guardara militarmente este punto. Bueno, así lo entendí. Había que reducir a los grupos autóctonos de la región, a los feroces grupos de Pames, Jonases y Chichimecas, que defendían con sus vidas lo que consideraban suyo desde siempre.
  • Si, ahora recuerdo, responde Andrea. Recuerdo haber leído sobre estas circunstancias, cuando repasaba los textos de la vida y obra de Fray Junípero Serra.
  • San Junípero Serra, si me hace el favor señorita…..
  • Para mí, más que santo, fue un misionero con una visión empresarial notable. Fue un emprendedor ejecutivo: puso a producir a la zona serrana, rica en recursos, con sistemas de producción y comercialización muy efectivos; implementó mejores métodos para la vida comunitaria, integró la comunidad nativa a los nuevos tiempos, introduciendo a la Europa del el arte y la música, como innovadoras expresiones del alma. Los frentes de los templos de cada Misón (5), relejan la combinación del arte sacro eurocristiano de esencia franciscana, con brillantes elementos de la madre naturaleza. Sembró, ya en terreno religioso, la nueva semilla, con la innovadora cosmovisión cristiana.
  • ¡Hay niña! ¡Hasta pareces una profesora de antropolgía!

Ellas no dejaban de hablar, de reír, de cuestionar, sin descudar el reloj, que debía decirles la hora de parar. Transcurrieron un poco más de dos horas con esta juvenil pareja de jóvenes. Interrumían su plática, solo para rellenar la taza de café o pedir algo de entretenimiento para el estómago: alguna de las mieles de la cocina. Ellas repasan alegremente la información que  dará colorido a este exitante viaje familiar. Además, les entusiasma el hecho de poder conocerse mejor, como los que son: dos esposas responsables de sus respectivos hogares, plenas de ilusión y esperanza, aspirando por una vida rica en amores para con sus esposos y sus hijos.

  • La verdad es que nostros ya estamos más que listos. ¿Y ustedes?
  • ¡Uy, niña! Ya no aguanto a Lucilita. Cada día me está recordando el asunto y ¡Ya me hartó!
  • Mis hijos también, los pobres nada más están preguntando cuándo, como si se tratara de una aventura a los mundos de Juilio Verne.
  • Y en buena parte lo es Andy. Todo viaje, por modesto que sea, es otro espacio, otra dimensión, otro entorno, aún sin salir de Méxio….vaya, ¡sin siquiera salir de tu Estado! Cuando viajas se respira distinto, las gentes son distintas y las tradiciones locales llegan a ser cautivadoras….y remata: ¡Ay tú, yo también te voy a hartar en esto! Ambas amigas rien ruidosamente y de buena gana.

Quedan exhaustas de tanto parlotear. Quedan satifechas, haciendo un justo silencio. Dividen la cuenta en partes iguales, pagan y salen de la cafetería.

  • ¿Dónde dejaste tu coche?
  • No, yo no tengo auto. Tenemos sólo uno en casa y ese lo usa normalmente Raúl, a menos que tenga yo cosas importantes que hacer. Entonces lo uso.
  • ¿Te llevo, adónde vas?
  • A mi casa, pero déjame en el Mercado Escobedo, pues debo comprar algunas cosas para mi cocina. Algo de fruta y mucha verdura y verdes.

Ya en el auto, las manos de Candelaria reposan sobre su bolso. Andrea las mira de manera casual, sin intención alguna y se percata de una lesión en la piel de la mano derecha de la joven señora. Una breve y extraña marca en esas manos tan femeninas y de una tersura evidente. No hizo ningún comentario. Ya habrá momento  más adecuado de preguntarle –se dice- o, muy probable, que ella misma me comente la historia detrás de esta extraña marca. ¿Un accidente? ¿Un descuido? ¿Una agresión?  Concluye:  – Dar tiempo al tiempo.

Emilio Castelazo
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Emilio Castelazo

Nació en Celaya, Gto. En 1939.
Vive en la Ciudad de México. 1940-1966.
Radica en Querétaro desde 1966: 50 años.
Academia: Sociologo, UNAM.
Sector Privado: Industrial.TREMEC.
    -Representante organismos nacional y locales.
Sector Público: Turismo. Gobierno Estatal.
Sector Social:
    -Consejero ciudadano e institucional de Turismo.
    -Consejero Querétero-Lee, A. C.
Columnista narrativo – 2013 a la fecha.
Correo: e_castelazo@hotmail.com
Emilio Castelazo
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