Para Marisol, niña hecha de nieve y agua,

Ixtaccihuatl recostada. Piel de nácar.

                                                                                               

 

LIBERTAD, Divino Tesoro (2ª. parte)

Aurelia ha sido tratada por la vida con delicadeza. Los instrumentos han sido sus 4 abuelos, sus mismos padres y su hermano Ugo, pero sobre todo, Aurelia ha sido protegida por el manto exquisito de una economía familiar arriba de saludable. Este pequeño gran detalle en cuanto a riquezas, ha permitido que todos vivan en santa paz. La joven Aurelia por su lado, siempre ha sido una excelente niña correspondiendo al afecto de la que es objeto. Como estudiante si bien no era especialmente sobresaliente, ella siempre destacaba en aquellas materias que demandaran disposición por el humanismo o por las características estéticas de espacios, objetos o personas. Se inclinaría sin saberlo, preferentemente por las actividades artísticas o creativas. Ella sentía que un ambiente menos hostil en cuanto a rasgos clasistas, sería más cercano a sus intereses, por lo que siempre se reusó a estudiar en una institución más acorde a su nivel socioeconómico siendo su argumento el de no ser una carga para la economía familiar – como si esto fuera cierto -. Su mejor argumento en casa fue de que la escuela estaba cerca de casa –ellos vivían en el Pedregal de San Ángel-. No siendo una cuestión de presupuestos, decide estudiar Sociología en la UNAM, en donde obtiene la licenciatura. El siguiente paso fue dedicar sus esfuerzos académicos para obtener el grado de Maestría en la misma UNAM, para luego aplicar –si el tiempo y las circunstancias lo permitían- para el Doctorado en el área de Investigación Social Aplicada en Francia, en La Sorbonne, en París, capital de los soñadores, la Ciudad Luz. Este fue el escenario donde inicia la historia entre Aurelia y Dumitru.

Kayané Tavitian, de padres originalmente armenios pero nacida en Francia hacía 22 años, por derecho le correspondía tener ambas nacionalidades. Esta circunstancia le traerá enormes beneficios en el curso de su vida, afianzando su condición de francesa natural al ser una mujer buena, sana moral y socialmente adaptada. Esta mujer será la que escogida por el destino pondrá frente a frente a Aurelia y a Dumitru. Al estar trabajando en una institución ligada a actividades culturales, el Lysee Louis-Le-Grand, como coordinadora de servicios escolares, Kayané organiza una muestra fotográfica para estudiantes y fotógrafos no profesionales. A esta invitación abierta, Dumitru como estudiante destacado de la École Nationale Superioure de la Photographie, acude en un impulso inspirador. Por otro lado, Aurelia acepta acompañar a un compañero de la universidad –quien tiene interés en la chica- a visitar la exhibición fotográfica en la que expone su hermana menor, Françoise. Kayané recibe a todo mundo en el acceso a la sala de exhibición al momento en el que coinciden Dumitru, Aurelia, su amigo y Françoise su hermana. Se reconocen ésta última y Dumitru como expositores y sin intención alguna, el grupo se une instantáneamente por una energía sobrecogedora. Todos alegres, riendo y haciendo barullo entran al recinto.

Dumitru clavó no sólo los ojos en Aurelia, sino su corazón, un oscuro deseo carnal y la más grata sensación jamás experimentada: amor a primera vista. La madrugada del día en la que la conoció, después de la visita a un bar con singular grupo de amigos, Dumitru dirige sus pasos intencionalmente al Pont Mirabeau antes de ir a casa. Camina por el emblemático puente donde se haya la estatua alegórica de la ciudad de París. Pasea junto al Río Sena con el firme propósito de encontrar serenidad y analizando la sensación maravillosa que lo cubrió de pies a cabeza al estar cerca de Aurelia. La brisa de un cálido verano parisino golpea su cara. Repite dos a tres veces en voz baja – Mon petite oiseau-, (Mi pequeña Pájara) rebautizando a Aurelia: nombre que llevará la muchacha de por vida, para siempre.  Son las 5 de la mañana y toma la ruta hacia el barrio Montparnasse, agotado, rumbo a casa. Para este artista en ciernes, arrebatado y habiendo alcanzado la libertad plena en su vida, sólo le faltaba amar a alguien como ahora el siente que ama a Aurelia.

Para Aurelia las cosas no fueron distintas. Al finalizar la exhibición y posterior a la visita al mismo bar donde pudo convivir con Dumitru y una alegre comitiva de 10 alegres amigos, Aurelia y Kayané ya habían entablado una relación cercana. El joven que invitó a Aurelia al evento, llegó un momento en el que sintió que estaba de más en el grupo, pues además Françoise su hermana no los acompañó desde un inicio. Al final, las nuevas amigas salen del bar y llegan al minúsculo departamento de Kaya, como le apoda Aurelia, mientras que ella se dirigirá a su nueva amiga como Auris – refiriéndose con admiración al precioso metal, el oro -.

Kaya, no sabes cómo sus ojos me llamaron la atención. ¡Los amo desde ahora! Encuentro su risa como si fueran notas musicales, acompañada por esa dentadura recia, blanca y luminosa. Llegó a estrecharme en dos o tres ocasiones, que aunque fue con ligereza y brevedad, fue como un mensaje subliminal, que al ocurrir, llegué a sentir una corriente eléctrica fascinante. ¡Yo creo que él mismo sintió eta corriente!

La amiga la escuchaba con amorosa paciencia, sabiendo que siendo mujer, Aurelia estaría hablando sin parar de este descubrimiento sensual por horas. Así las  sorprende un amanecer con un sol rojizo que hace que las nubes semejen largos mechones enmarcando la Tour Eiffel al fondo. Son las 5 de la mañana en casa de Kayané, encantadora habitación en un cuarto piso desde donde tienen una visual panorámica espléndida de la Ciudad Luz. Siendo domingo, día de asueto, las mujeres se abandonan a derrochar el tiempo ocioso. No paran de hablar, de argumentar, de justificar todo, de descubrir que la vida en libertad plena, es justo vivirla igualmente, a plenitud. Las envuelve la sagrada bruma del amor en sus distintas versiones. Una de ellas, descubriendo la desconcertante explosividad de amar en Aurelia, en tanto que en kayané, sólo se percibe un atisbo ensoñador de las mieles de un sentimiento de estas proporciones.

La misma mañana soleada envuelve la mesa de Severino en el jardín de Museo del Calendario, teniendo como invitados a Aurelia y Dumitru. De vez en vez y con desparpajo inocente, el joven se dirige a su querida Pájara indistintamente en los idiomas inglés y francés y que salvo algunas expresiones que Severino no atinaba a identificar, el lenguaje íntimo de los enamorados le resultaba una delicia.

En Severino sobrevive el tono de desconcierto al tener de frente al hombre que acompañará a su adorada hija por el resto de su vida. No podía siquiera suponer los detalles del momento en el que conociera al hombre de su adorada niña. Imposible saber cómo reaccionaría, pero intuitivamente lo veía venir al aplicar una lógica básica. Ella era una mujer hecha y derecha y tanto él como Therese su mujer, lo habían comentado varias veces: – Espero que las cosas resulten bien en el momento adecuado. Aurelia se lo merece – repetían constantemente. Después se abrazaban tiernamente y se sentían felices de haber criado a dos espléndidos seres humanos a los que el dinero y las comodidades no los habían corrompido. Le daban gracias a la vida, a Dios inclusive, siendo que ellos eran los artífices de esta amorosa obra.

Por más de cuatro horas estuvieron hablando, cada uno de sus cosas, de sus quehaceres a veces preguntando, a veces espontáneamente pues el momento lo permitía. Había que realizar la labor de traducción con Dumie para que éste no se sintiera excluido de los comentarios entre padre e hija, rasgo de gran sensibilidad de la joven y que sólo las mujeres desarrollan de manera excepcional: diplomacia y tacto refinados. Severino observaba al chico con cuidado, buscando rasgos, detalles que mostraran algún defecto. Como si fuera una contienda en la que había que estudiar al enemigo y sus armas. Como Dumitru estaba lejos de un escenario de este tipo, éste actuaba de manera natural y sin pretender halagar o impresionar a su futuro suegro. Lo desaliñado y un poco estrambótico de la imagen de Dumie y que en principio Severino criticara, éste mostraba un rostro limpio, una mirada azúl, armoniosa y humilde. Sus manos, las de un artista y bien cuidadas las uñas, sin mancha alguna. Las dificultades resultado del idioma, no fueron obstáculo para que se entendiera todo entre ellos. Es una nueva realidad, es un nuevo modo de ver las cosas. Hubo risas, detalles sobrios y momentos emotivos. – Hablando se entiende la gente -, decía para sus adentros Severino. logró estar tranquilo y en un momento saturado de emoción, tomó la mano de los dos muchachos y dijo

  • Espero que sea felices. Ceremonialmente los miró a los ojos sin más palabras que las que surgieron de su mirada enturbiada por lágrimas. Con esa bendición y la recomendación de que se cuidaran el uno al otro, concluyó que debían organizar un encuentro con Therese, mamá de Aurelia.
  • Si papá, ya hablé con ella de esto.
  • Entonces ¿Ya lo arreglaste todo verdad?
  • No arreglé, previne solamente. Entiendo tu sarcasmo, pero esto de prevenir lo aprendía de ti desde chiquita, cuando surgía algo fuera de mi mundo infantil y pacientemente me decías – Hay que estar prevenido niña, estar un pasito adelante para evitar sorpresas. La vida es como un aeropuerto en cuya operación había que estar siempre vivo, atento. Prevenir para no lamentar -. Bueno algo así me decías y ahora lo entiendo todo con claridad. Libertad de acción y pensamiento, esa fue la lección más importante para mí. No estar sometida a voluntades o ideas ajenas, actuar con sagacidad, con ética y en un marco moral. Así me guiaron, así se anticiparon Therese y tú. Me prepararon para poder volar con alegría y sin temores – quizá por eso Dumie me dice Mon petit oiseaux.

Severino queda absorto ante la respuesta aclaratoria de su hija, su nenita que apenas hacía unos años necesitaba darle la mano para brincar un charco en el potrero.

  • ¿Los detalles ya los platicaste con tu mamita?
  • No, ella sólo está enterada de esta reunión de nosotros tres. No quisimos anticipar nada, hasta que no estuvieras en el mismo canal. Son cuestiones de forma que en realidad son de fondo, no papito? Cada vez más, Severino quedaba fascinado de la madurez de su Aurelia, de su lenguaje sencillo y contundente. (Próximo 3ª. Parte)

 

25 de diciembre 2017

Emilio Castelazo
Sígueme en:

Emilio Castelazo

Nació en Celaya, Gto. En 1939.
Vive en la Ciudad de México. 1940-1966.
Radica en Querétaro desde 1966: 50 años.
Academia: Sociologo, UNAM.
Sector Privado: Industrial.TREMEC.
    -Representante organismos nacional y locales.
Sector Público: Turismo. Gobierno Estatal.
Sector Social:
    -Consejero ciudadano e institucional de Turismo.
    -Consejero Querétero-Lee, A. C.
Columnista narrativo – 2013 a la fecha.
Correo: e_castelazo@hotmail.com
Emilio Castelazo
Sígueme en: