Para mi hija Heliana en su cumpleaños.

Para su hija Sofía, mi nieta.

Mujeres diseñadas para luchar y hacer camino.

 

LIBERTAD. Divino tesoro (3. Parte y última)

Severino regresa con frecuencia a las callejas y rincones del Querétaro patrimonial. Tal y como ocurre desde hace casi 25 años, desde el primer día que conoció la ciudad histórica, hoy la recorre a sus 70 años con mayor holgura y con mayor paciencia. A veces estas caminatas las realiza con Therese su mujer, pero normalmente las hace en la soledad que disfruta. No es que prefiera hacerlas sin su mujer, no, sino que piensa que estas experiencias deben ser íntimas, como cuando se lee un libro. Cada calle, cada ventana o balcón son imágenes de un pasado excitante.  Se asoma una y mil veces a los patios del Convento de los Agustinos, al interior del agitado Mesón de Santa Rosa, se asombra al observar la arquería de la otrora sede de la Corregiduría y las Cárceles Reales, hogar de don Miguel y doña Josefa, a quienes imagina claramente descendiendo por la desgastada escalinata. Yendo solo en sus caminatas, no hay manera de que nada ni nadie lo apure.  Severino ha vivido lo suficiente como para valorar el tiempo ocioso y así, cada vez que se lo permiten sus tareas. ¿El escenario? El espléndido Museo de Sitio, La Muy Noble y Leal Ciudad de Santiago de Querétaro, Patrimonio Cultural de la Humanidad, hogar que adoptó hace un cuarto de siglo.

Este hombre cuyo vigor es manifiesto, se enfrenta una vez más a la incertidumbre  al ir a ver a su querida hija Aurelia exacta e intencionalmente en el mismo lugar en el que se vieron hace 20 años. En este año de 2037, la ciudad no es lo mismo: el Centro Histórico –definido ante la UNESCO – es hoy zona restringida para automóviles y sólo existen andadores para transeúntes. Los únicos vehículos permitidos son bicicletas y unidades animadas por energía eléctrica, de diseño especial que corren como transporte público a lo largo y ancho de la reserva  protegida, ambos administrados por el Municipio y gratuitos. Para el servicio de abasto de negocios turísticos dentro de esta reserva histórica, se diseñó un práctico y sencillo servicio para traslado de huéspedes y equipajes –incluyendo deshecho de basuras-, fijándose horarios de las 12 am hasta las 06am, utilizando igualmente unidades eléctricas, normatividad obligada por la UNESCO conservar la denominación como patrimonio universal.  El gobierno nacional incursionó exitosamente al reglamentar jurídicamente la participación del ejército para salvaguardar el patrimonio nacional y dar seguridad a la vida interna del país, de tal modo que la sociedad hoy se siente más protegida y los niveles de delincuencia se han derrumbado drásticamente en los últimos 5 años. La autoridad política estatal ahora está definida democráticamente por una Junta de Gobierno integrada por ciudadanos quienes administran la vida pública interior, dando al traste con el malversado régimen de partidos políticos. En un solo período generacional, las cosas han evolucionado y en algunos rubros han revolucionado la vida institucional del estado y la ciudad. Tantas cosas han ocurrido desde aquel desayuno en 2017 cuando se reúnen Severino, su hija Aurelia y Dumitru en el Museo del Calendario. El Museo mismo dio un giro importante y decidieron sus propietarios convertirlo en el Centro Cultural Landín, de amplio espectro, abriendo sus espacios a toda actividad inherente al fomento de la cultura, congruente con el perfil  de una  entidad cultural y abriendo sus horarios de restaurante siendo independientes uno del otro.

La vida interior de los queretanos se vio alterada en los ámbitos educativo, deportivo, las relaciones obrero-patronales, los programas de estudios de tecnología aplicada, las ideas políticas y religiosas, en el diseño de agresivos criterios fiscales para el fomento empresarial, en le expedición de políticas para el desarrollo integral de individuos y familia, pero y sobre todo, en la  cantidad y calidad de los servicios en beneficio de los habitantes, entre ellos el servicio de transporte público urbano y foráneo, éste último en aras de una industria turística doméstica con mayor dinamismo. Se racionalizó el gasto privilegiando los servicios de salud física y espiritual, haciendo de la comunidad estatal una unidad de alta productividad en el panorama industrial y comercial que finalmente son los sectores que aglutinan el esfuerzo colectivo generando riqueza.

Mientras Severino se encamina hacia el Centro Cultural Landin para encontrarse con Aurelia, por la calle Madero, llega a sentir en carne propia los cambios y avances en materia de lo que él denomina justicia social. En los rostros y actitudes de los peatones lo percibe. El espacio al interior del Museo se mantiene idéntico, salvo el mobiliario, pero es el mismo encantador jardín dispuesto para un delicioso desayuno con su hija. Al entrar al cuerpo del espacio verde, saturado de flores, ve a ésta sentada aunque de espaldas, con dos niños a su lado. Queda de una pieza e interrumpe el paso. Se emociona y su corazón late acompañado de un golpe en la boca del estómago. Quiso que Therese su mujer, estuviera en este instante maravilloso junto a él. Un remolino sacude su cabeza y se pregunta – ¿Qué de bueno habré hecho en la vida, para merecer este regalo? – Al acercarse lentamente a la mesa, los dos niños estando de frente, el mayor de 13 años, Severino José, ve a su abuelo con fijeza y sonríe sin más, reconociendo el linaje. Aurelia voltea sorprendida por la reacción de su hijo y reconociendo a su papá, dice en claro español:

  • Él es tu abuelo Sevi….. tú te llamas igual que él, Severino. El niño se para y apura un abrazo al viejo que no atina a responder, ante este alud de frescura y espontaneidad.
  • Saluda al abuelo, dirigiéndose a Kayané, la nena de escasos 11 años, heredera de la clase de su madre y la mirada encendida, profunda y lánguida, del padre, abriendo los ojos color azul intenso. La sangre latina, el carácter y el temperamento de Aurelia predominaron en los nuevos seres, hecho que no pasa desapercibido para Severino, quien se siente ancho en esta turbulencia momentánea.

Abuelo y nietos quedan fundidos en una abrazo profundo. La madre de los niños se une al grupo y el mesero que ya se aproximaba a la mesa, no se atreve a romper este círculo mágico. De inmediato ocurre a su memoria la imagen de su abuela cuando lo abrazaba al regresar éste de la escuela. Ese mismo tono amoroso lo conmueve. Todo duró unos segundos, momento de una pirotecnia fabricada desde el alma, regalos de la vida, confesión hecha por Severino hacía unos minutos.

Severino volvió a desear que Therese estuviera con el grupo, durante las siguientes dos horas. Mientras los niños se distraían de maneras distintas, se pudo enterar de los detalles de la separación de Aurelia y Dumitru. La relación amorosa entre ellos duró poco, casi dos años después de su viaje de bodas. Ese estado de cosas y buscando salidas, se buscó, cada uno por su lado, un reencuentro. Alguna vez aseguraron que su amor era lo importante ante cualquier diferencia o adversidad, pero esta premisa dejó de ser vigente. Así como llega, el amor se escapa por inesperadas rendijas y no existe fórmula como remedio.

Enamorada auténticamente de su marido, vio cómo éste se alejaba de la visión labrada en su interior en una infancia llena de cuidados, amor y regalos. No fue lo mismo recibir que dar; no fueron suficientes las buenas intenciones o las sonrisas, cuando había que trabajar duro y diario, buscando comer tres veces al día y bajo un techo confiable y cálido. El ejercicio de la libertad como patrimonio en cada persona, es un derecho ganado en el curso de la historia de las civilizaciones, pero habrá que notar que este derecho implica riesgos y encierra sorpresas si no se le cuida con destreza, los tropezones pueden aparecer en el tiempo. Severino aseguró siempre y con firmeza, haber criado a sus hijos –y su propio matrimonio- en base a una total libertad de expresión, acción y creencias. La libertad para alcanzar la plenitud, sustento de toda lucha comunitaria o personal. De ese modo, respetando esta premisa, pensó que Aurelia estaría decidiendo bien. Y lo hizo, sólo que no fue diestra en el proceso. Severino creyó que con los elementos formativos trasladados a sus hijos, éstos estarían dispuestos para un despegue placentero.

Hablaron largo y con sinceridad amorosa. Hablaron de las diferencias culturales entre Dumitru y Aurelia. Éste perteneciendo a un ambiente familiar falto de adhesivo, sin una nacionalidad definida, inmerso en la volatilidad de una Europa del Este en constantes controversias e inmersa en una cultura bélica. Ella, una persona definida como mexicana pura, protegida y rodeada de un vasto colorido cultural, hija de un hogar sólido, hecha al confort de una economía familiar más que saludable. La combinación resultó ser una ruta sembrada de espinas. El estallido de un amor auténtico fue auténtico y maravilloso. El haber tenido la libertad para consumarlo –ante la envidia de muchos- fue algo extraordinario y debe pasar a los recuerdos y enseñanzas como algo ejemplar, pero la cruda realidad es distinta. Lo muchachos no pensaron en los riesgos –ni creo que nadie pueda hacerlo- y se lanzaron al espacio sin más plan que el poder gozar la vida a plenitud, en libertad absoluta. Nunca anotaron en la bitácora de vuelo el hecho de que el día exacto siguiente a su regreso del viaje de mieles sabrosas, había que ir al mercado de compras, había que pagar la renta y los servicios, y tampoco anotaron que con los años, los momentos de estar solos serían cada vez más esenciales para cada uno. La magia había sido tocada, alterada.

Severino escuchaba a su hija como el piloto espacial mira su panel de instrumentos. Cada palabra, cada tonalidad, cada expresión en la mirada. Con los años, recitaba ella, las diferencias en las conductas íntimas eran evidentes y cotidianas. Aceptaba que las cosas fueran así y que todo era un plan ya dibujado por el destino. Era cuando recordaba a su madre y fue entonces que Aurelia creó su propia alcancía de méritos, en una abnegación propia de su género, y e abandonó esperando que ese destino dijera la última palabra. – Yo creo en él, creo en al amor que nos elevó siempre, que nos distinguió, creo en esa sonrisa que cautiva, creo en él como la promesa amasada en libertad absoluta. Creo en su arte. Creo en ese sexo rabioso. Creo, creo, ¡Sí creo! Hacía de tripas corazón y en este zipizape nacen Severino Vadim –honrando a los abuelos- y Kayané –honrando a su amiga en Francia-. Viajaron sin descanso con la encomienda de fotografiar el mundo. Ella sacrificó sus inquietudes intelectuales y acompañó a su marido por cielo, mar y tierra. Eran libres de hacer lo que quisieran. Pero en ambos existía un sentimiento profundo y oscuro: a ella no le gustaba andar errante como gitana por los caminos y él se sentía incómodo con la presencia de ella. Aprendieron a fingir entre ellos y con las personas con las que se relacionaban. Poco a poco cayeron en la cuenta de que sólo se toleraban y sentían que la libertad, su amada libertad, comenzaba a estar condicionada.

Sólo era cuestión de tiempo y circunstancia. Aurelia ya no viajaba con él y Dumitru salía y entraba a su casa cada vez que surgía un trabajo. Nunca faltó el recurso para mantener la casa funcionando y los niños estuvieran siempre bien atendidos aunque sin lujos ni dispendios. Ella había aprendido a ahorrar y se ajustó a los eventos. Hacía 5 años que las cosas se tornaron intolerables, a pesar de que Dumitru aseguraba que toda ausencia era parte de su trabajo. Por un descuido imperdonable, el fotógrafo olvidó manejar con extremo cuidado unas fotografías en las que aparecían dos hombres y una mujer realizando actos sexuales del todo insultantes. Enfatizaban en detalle y en cantidad, las fotografías en las que su marido aparece con otro supuesto actor. Pornografía homosexual explícita. Asustada Aurelia guardó por algunas semanas el secreto y cada vez que veía a su marido, la atacaba una sensación de asco y repulsión que se reflejaban en los momentos en que ella de manera violenta evitaba estar cercana a su esposo. – Él siempre alegó que eran efectivamente fotos muy duras, y que fueron ordenadas para una revista porno y  que él solamente suplió a un actor que no atendió el llamado. En un momento de debilidad, ella quiso aceptar el argumento, pero regresaban las imágenes groseras a su mente y la desconfianza y el sentido común y todo se revolucionaba en su interior. Fue la gota que derramó el vaso. Ella hizo intentos de llevar la fiesta en paz por unos años más. Todo se convierte en una charada y la distancia entre ellos se hizo más profunda. Ella intentó distraer su mente –aún con esperanzas de salvar el barco- y buscó tomar talleres para poder escribir, pero era imposible: No podía hacer nada y pronto se convenció que había que concluir con el capítulo de su matrimonio.

  • Nunca los quise mortificar papá y sé que durante mucho estuvimos sin contacto y hasta es probable que intuyeran que pasaba algo, pero respetaron esta decisión mía. Los extrañaba en mi silencio y no dije nada, hasta hoy. No he hablado con nadie, salvo ahora contigo. No hablé aún con mamá, pero ella entenderá todo y sé que tendremos los niños y yo, el amor y protección de siempre. No, no pasa nada papá, estoy en un proceso de sanación y he tomado libremente las decisiones correctas y de acuerdo a los principios que tú me heredaste. ¿Los niños? Son una maravilla. Heredaron el talento artístico de Dumi y son niños libres y auténticos. Es sólo cuestión de verlos moverse ¿Verdad que sí? Tenemos un año viviendo en la Ciudad de México y los niños están deslumbrados con nuestra cultura. Hablan un perfecto francés, entienden y hablan muy bien el español y el ruso menos, con alguna dificultad. Visitamos a su familia varias ocasiones pero nunca pudimos conectarnos. Los abuelos mismos se sentían incómodos con nosotros. El ambiente siempre fue pesado como una losa y los niños nomás pegados a mis faldas.

Severino queda silencioso y observa el rostro de Aurelia marcado por los años y las vicisitudes. Aunque sin mostrar envejecimiento prematuro, hay líneas que  embellecen a esta mujer ya madura. Reconoce la movilidad de su hija, de la libertad que tiene si se trata de aplicar criterio y de que su mirada, lenguaje y expresión oral son impecables. Se siente orgulloso y sin temor por el destino de su hija. Salen del Museo y prometen encontrarse mañana en casa con su madre, Therese, y de ser posible con su hermano. Antes de salir, voltea y observa el jardín espléndido y con una sonrisilla burlona en los labios, se dice. –No, no me equivoqué, el muchacho fue y será siempre desaliñado -, como si todo esto lo hubiera sabido de antemano y probablemente deseado. Él, acostumbrado a controlar todo, a que el hato no se deperdigara.

En la calidez de un sólido hogar, Therese platica con su marido Severino. – No hay porqué temer mujer, ella está bien, los niños están bien. Las cosas fueron bien entre Aurelia y Dumitru. Nosotros no podemos sentir culpa alguna. Criamos a una niña de manera correcta, y aun habiéndoles prevenido con mayor énfasis de las diferencias culturales entre ellos, nadie podía hacerlos mirar a otro lado que no fuera casarse. Le aseguré ayuda económica de ser necesario y me prometió decirnos -. Así hablaba a su mujer, con ternura, suavizando su tristeza.  Repetía que Aurelia era una mujer madura, inteligente, sin resentimientos, con un profundo amor por sus hijos y un gran respeto por las cosas bellas vividas. No guarda rencores, no echa culpas: perdona para encontrar paz, no enjuicia ni a ella ni a nadie y aleja todo riesgo de ser soberbia. Son mí señora,  principios aprendidos de ti, su madre. No hay pero que valga mujer. Ya la verás el fin de semana. Pasan unos segundos en silencio y Severino remata: Y si hubiera un pero, ella tiene la capacidad y la libertad como divino tesoro para tomar sus decisiones en beneficio de ella y sus hermosos hijos. No me lo creas, pero en algunas cosas, los tres toman decisiones juntos. Siéntete tranquila, mujer. Yo estoy bien, confiado en ese maravilloso petit oixeaux que un día vimos asombrados cómo ¡Echó a volar!

Después de algunos años, Aurelia escribe cuentos y publica con sus propios recursos, Severino Vadim los ilustra y Kayané lleva la economía en casa.

Emilio Castelazo
Sígueme en:

Emilio Castelazo

Nació en Celaya, Gto. En 1939.
Vive en la Ciudad de México. 1940-1966.
Radica en Querétaro desde 1966: 50 años.
Academia: Sociologo, UNAM.
Sector Privado: Industrial.TREMEC.
    -Representante organismos nacional y locales.
Sector Público: Turismo. Gobierno Estatal.
Sector Social:
    -Consejero ciudadano e institucional de Turismo.
    -Consejero Querétero-Lee, A. C.
Columnista narrativo – 2013 a la fecha.
Correo: e_castelazo@hotmail.com
Emilio Castelazo
Sígueme en: