No lo toméis a mal, que así es la rosa.

 

LECCIÓN PATERNA

 

Enrique sale de su casa, apenas después de un regaderazo con agua fría. Rápido, sin sentir la aguda sensación en el cuerpo caliente, ante el impacto del agua proveniente del tanque helado de la azotea. Lo único que lo agobiaba en ese momento, era la terrible sensación de estar viviendo lo inédito de la muerte. No la muerte narrada, no la muerte auto infligida, inventada como recurso neurótico, no la muerte como un elemento retórico para ejemplificar el dolor humano. No la muerte como un inerme texto del poeta. No, aquí la muerte es un discurso real y concreto. Su padre había muerto en sus brazos la noche anterior. Todavía con el aliento paterno y postrero en la memoria, cuando su padre, agónico, atrae su cabeza con la mano transparente y azul:

  • Enriquito, siempre te he querido. Te quiero mucho mi niño. Así se despidió de su hijo.

 

Germán y Saúl esperan a Enrique en “La Piccola Giovanna”. Invitaron a desayunar además de Enrique, a Claudia, ex secretaria de Germán. Germán y Saúl están más cercanos a Enrique, pero todos curiosamente, están unidos por una amistad especial. Son distintos en género, edades, profesiones, gustos y círculos personales. Están cercanos y se sienten contentos estando juntos, pero son distantes en lo cotidiano. La vida a veces regala relaciones que son entrañables, aunque distantes, pero fortalecidas por algo que flota en el ambiente. En nuestra historia, Claudia, como mujer, es extrañamente puntual. Con minutos de diferencia, los tres se encuentran sentados y alegres. Comparten un lugar donde se come deliciosa comida mexicana, estilo tradicional campirano. Siendo de edades bien distintas, ellos acusan una camaradería digna de reconocer. Esperan a Enrique, después de casi dos meses de la muerte de su padre, siendo esta razón la que se organizó esta reunión entre amigos.

  • ¿Y sí vendrá? pregunta la muchacha incrédula
  • Desde luego, afirma Germán. Ayer mismo lo confirmé con él y me aseguró que si estaría con nosotros, sobre todo por ti Claudia, dirigiéndose a la muchacha, tú sabes que este hombre te tiene un respeto, pero tu manera de ser le encanta, sabiendo que no tiene ninguna esperanza para una relación formal entre ustedes.
  • ¡Qué cosas se te ocurren Germán! Y lo golpea en el antebrazo. En el fondo le satisface el comentario, pues se siente halagada y no existe mujer que se resista a las expresiones y detalles que la lleven al mundo del amor, en cualquiera de sus versiones. Todo podrá suceder y hasta el mundo podrá estar en caos, pero en ellas, en su naturaleza, está el ser elevada, amada y respetada.

 

El comal con nopales preparados en salsa roja. El queso fresco para desmoronarse con los dedos sobre la tortilla grande y generosa –envuelta en una servilleta bordada por manos morenas-. El jugo de naranja o zanahoria, combinados o no. El café de olla humeante y negro. Todo está listo para un banquete de sabores y colorido. Hasta ahora, nadie presta atención al tema de la muerte, tema oculto y que no se manifiesta: hasta que llega Enrique. Con una sonrisa apenas dibujada en los labios, Enrique saluda a sus amigos y los abraza sinceramente. Apesadumbrado, contesta a una observación de Claudia

  • Muy bien, Claus. Todavía me siento como volando, como que todavía ni me la creo…..y la regala con una mirada tranquila y sin dramatismos.
  • Señorita, un jugo para Enrique, grita Saúl. ¿De naranja? o ¿Prefieres de Zanahoria?
  • Tenemos mandarina, ya es temporada joven, sugiere la mesera –hermana de la dueña, doña Juanita-
  • ¡Ándel! Un jugo de mandarina, para mí la mejor fruta del mundo…..

 

El grupo entró por la puerta correcta. El ambiente tomó la ruta adecuada y pronto los 4 estuvieron alegres y contando anécdotas de todo tipo. Sin embargo, algo flota en el ambiente y sin haberlo dispuesto así, Enrique toma la batuta

 

  • Gracias por su invitación. De verdad mis amigos, que me emociona mucho que quieran colaborar conmigo en estas horas tan duras y difíciles. Coincide hoy con mi corazón que casi anda de fuera. Hay días que me abruma la tristeza… ¿será que es lunes? El grupo celebra la gracejada y ella dice
  • ¡Hay sí! Los lunes son una pesadilla. Hoy ni me quería maquillar de la flojera que me cargo…..más sereno, Enrique continúa, aceptando que haya la voluntad de hacer más llevadero el momento.
  • No hay manera de medir lo que se llevó mi Papá con su partida, ni la orfandad en que nos quedamos mi Mamá y mis hermanos… ¡Cómo cuesta seguir con la vida de todos los días, con lo cotidiano. Nadie podemos saber qué que nos espera a cada uno!
  • Germán todo este tiempo, ha adoptado una posición de escucha y respetuosa, pero sin caer en exageraciones teatrales. Simplemente lo toma del antebrazo con fuerza, transmitiendo esa energía tan necesaria en un trance tan inédito en la vida de un amigo. Se acerca a su oído y dice
  • En cuanto puedas, quiero que veas a la señora que está detrás de ti: ¡Está buenísima! Enrique sonríe y entiende a su amigo, que sabe de su gusto por las faldas
  • No se secreteen cabrones, dice Saúl, en un espacio abierto por Claudia al ir al baño. Y tú, ni se te ocurra ponerle el ojo encima a esa señora. ¡Donde pones el ojo pones la bala!
  • No están hablando mal de mí, ¿Verdad? Pregunta la amiga, regresando a la mesa
  • No Claudita, para nada, contesta Enrique mostrando una actitud paternal hacia la joven. El invitado especial, siente que es momento de regresar a sus consideraciones y dice: -Hace unos pocos meses que no está papá, pero parece que se fue hoy; me quedo con su amor sin condiciones y su generosidad inmensa, que no sé si estoy a la altura de merecer. Les digo esto, pues por ejemplo, y les pregunto a ustedes, mis amigos ¿Cómo hace mi Madre para enfrentar su soledad? ¿Qué fortaleza increíble habita en su corazón, que le permite sacar cobijo y bendiciones para sus cachorros, dejando al último su propio dolor? Ni más ni menos, les comento lo que ocurrió hoy mismo, antes de llegar con ustedes: pasé a saludarla y me dice que hoy cocina mole verde, que sabe que me fascina-.
  • Vente a comer conmigo, solos tú y yo, solitos. Quiero enseñarte algo que guardo de tu papá. ¡Siendo tan tempranito en la mañana y ya piensa en mí, como si fuera un día de fiesta! Acarrea agua fresca para un sediento
  • . ¡Carajo! Lloré saliendo de su casa. Agradecí a Dios por mis amados viejos.

 

El momento, sin ser triste, es emotivo. Pasan unos segundos, antes de que Claudia tome la palabra.

  • La muerte, esperada o no, es al final algo que une, que crea conciencia de los vacíos existentes en cada persona y en cada grupo familiar. Es como una renovación de votos, como un líquido que limpia, y que nos hace reflexionar. Ahora te veo Enrique y lo confirmo: este acercamiento entre ustedes, tu mami y tú. Ese momento en el que los corazones de abren, se acercan y se aman. La muerte es renovación. En el momento en qque tu padre muere, se despide de ti, como lo hizo, en ese instante está surgiendo un nuevo ser en el mundo. Una muda en la que no participamos, pero que es la acción matemática de restar y sumar. Así ocurrió con mi mamá y su hermano, mi tío Rómulo. Apenas murió el tío bohemio y tan latoso, mi mamá y su hermano, tan conservador y tan acartonado, que se vieron obligados a profundizan en su relación. La partida de su hermano les abrió la ventana para que entrara luz a sus vidas y encontraran paz, no solo en lo particular, sino como hermanos. La muerte une individuos y a personas.
  • ¡Qué cierto es Claudia! Exclama Enrique. El color del lente con el que miro, es distinto ahora. Lo veo claro, un poco más claro: antes de fijarme en mi dolor, pongo atención en la fortaleza de mi madre  al buscar reunir a los cachorros. Me fijo en los demás y el egoísmo se reacomoda, se manifiesta distinto. Me afirmo yo, egoísta, cierto, pero dejando que los demás fluyan y se manifiesten.
  • Es una nueva filosofía de la vida y los modos de convivencia con los demás, señala Germán.
  • Cuando mi madre muere, junto con mi hermanita en un accidente, ya hace 7 años, me hice un tatuaje en el pecho con sus nombres –del lado izquierdo, cerca del corazón-. Con esto, busqué honrar su existencia, es perpetuar su recuerdo, darles nueva vida: mi pecho es un nuevo hogar para ellas, desde entonces. Saúl descubre sin más ni más, parte de su tórax y muestra a sus amigos el tatuaje, apenas arriba de la tetilla izquierda.

 

Con este acto, la mesa de amigos entra en trance y quedan callados. La circunstancia les regala la posibilidad de identificar sus espíritus. Sus almas se reúnen y la energía los recorre. Lo mundano queda fuera. Los sabores, el paladar satisfecho y la señora de buen ver, pasan a otros planos de menor importancia. Los amigos entran en trance y se toman, instintivamente, de la mano, en una comunión insólita que los invade de una nueva sensación de alegría. Ella cierra sus ojos y la siguen los hombres.

 

Fueron segundos, quizá escasamente dos minutos y ya habían roto los moldes. Como seres humanos encontraron, paradójicamente a partir de la triste experiencia de la muerte, un motivo para acercarse, para expresar desde dentro, el fenómeno conocido como Amor. La tristeza es una versión del amor. Estar triste por una ausencia, es amar al prójimo. Evolucionar la tristeza es rescatar la alegría que está por detrás. Por ello, Enrique con voz pausada y suave

 

  • Gracias papá. Gracias por decirme adiós como lo dijiste. Tu adiós me explica tu arribo al nuevo hogar, hogar transparente y fresco. Tu conciliación siendo para ti, me concilia y me lleva a un plano superior, ahora lo veo con claridad.
  • Amor es la clave. Amar recibiendo, amar dejando ir. Recordar es amar y reír en nombre de aquellos, alegra los corazones.
  • Simplemente, dese su pecho, ¡Saúl hace partícipes a su mami y a su hermanita de este banquete que nos hemos regalado!

 

 

  • Atrás de la mesa con los guisos, Juanita observa la mesa desde hace un buen rato. Sintió el festín de alegría en el grupo. Se contagia y se emociona: recuerda a su padre, que le insistía: -Deja la venta de semillas y ábrete una fondita, aprovecha que ere buena, que tienes buena mano con las cazuelas. Yo te ayudo. Aquí en este espacio de la casa. Anímate mujer-. Quizá por eso, los guisos de Juanita son tan sabrosos, tan hechos con amor, ingrediente ineludible para un buen platillo. Con el tiempo el lugar fue bendecido y rebautizado por un amoroso sacerdote -queretano, radicado en El Vaticano por 30años-: “La Piccola Giovanna”, será su nuevo nombre.

 

Los muchachos se despiden de Juanita, celebran sus ricuras y salen cada uno con nuevo destino, más confiados, más alegres y satisfechos por el grato y significado momento.

 

Ya en plena ruta, Enrique habla con su padre, alzando la voz sonora y cristalina, al momento en que recuerda las palabras de despedida: Enriquito, siempre te he querido. Te quiero mucho mi niño.

 

  • ¡Gracias papá!
Emilio Castelazo
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Emilio Castelazo

Nació en Celaya, Gto. En 1939.
Vive en la Ciudad de México. 1940-1966.
Radica en Querétaro desde 1966: 50 años.
Academia: Sociologo, UNAM.
Sector Privado: Industrial.TREMEC.
    -Representante organismos nacional y locales.
Sector Público: Turismo. Gobierno Estatal.
Sector Social:
    -Consejero ciudadano e institucional de Turismo.
    -Consejero Querétero-Lee, A. C.
Columnista narrativo – 2013 a la fecha.
Correo: e_castelazo@hotmail.com
Emilio Castelazo
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