¡QUÉ LATA!

Segismundo se acerca a la mesa en la que ese día,  a media mañana, almuerza con Jorge. Se abrazan amistosamente, después de ser amigos por muchos años –no muchos, pues son jóvenes-. Se quejan del tráfico, del clima, de los políticos y de la derrota de su común y acérrimo enemigo deportivo: el equipo de fútbol América. Teniendo al tráfico como pretexto, Jorge decide arremeter contra la existencia de los habitantes más incómodos de todas las ciudades: los niños. Mientras, disfruta del rico café tipo europeo y unas donitas exquisitas, orgullo de la cocina del restaurante.

  • Todo comienza, la mayoría de las veces, con una desconcertante noticia: ¡Estoy embarazada! Brincan de júbilo todas las mujeres en torno a la futura madre y los abrazos y besos se multiplican. Algunas sugieren que será un nuevo ser precioso, al heredar la belleza de su amiga o del recio carácter del padre y en muchos casos, de su fortuna. Sin embargo, muy en el fondo, las envidiosas –el mundo está llena de éstas-, comienzan a sudar bilis y a cuchichear, muchas veces frustradas por su incapacidad de ser madres. Ni qué decir de las amigas quedadas, que son emisarias directas de los peores chamucos: muchas se acercan a la futura madre a decirle de cosas y a meterle miedo por aquello de los insoportables dolores del parto, que si los cuidados serán una etapa de locura, que los dineros no alcanzarán para cubrir las necesidades del nuevo ser; que es imperativo exorcizar al bebé, para ahuyentar el pecado, ese pecado carnal –sabroso, por cierto- que le permite surgir a la nueva vida Toda suerte de comentarios, advertencias y malas vibras –como que el papá no es legítimo- asoman al escenario de la joven pareja, misma que comienza a alejarse, a verse ajenos el uno del otro, sin quererlo.
  • ¿Oye Jorge, ya pensaste que vas a desayunar? Tratando de bajar pasión a las palabras de su amigo.
  • Voy a pasar al bufete para comer solo algo sano, sin grasas. ¿Vamos? De regreso a la mesa, Jorge continúa con su perorata –como si ésta fuera tarea-.
  • Llega por fin el día programado para que llegue la nueva criatura –antesala de padecimientos-
  • ¡No seas cabrón, cuate!
  • En serio, mira: asumiendo que todo el proceso del embarazo fue exitoso y que fuera de los antojos y caprichos sexuales o culinarios de la señora, o que los costos del seguimiento fueron “normales” y presupuestados, nada serio pasó. -Fue niña, anuncia la enfermera-, aunque ya todos sabían el género de la nueva criatura, gracias la avanzada tecnología-. La alegría, los mejores sentimientos brotan como fuentes generosas en cada miembro de la familia. Todos babean atrás del cristal, admirando un pequeñín hinchado y rubicundo y colorado, como si fuera un vikingo chiquito, envuelto en sabanitas muy limpias y dentro de una cápsula de un envidiable confort. Todos siguen babeando….. Si se vieran las caras Segis…..
  • Ya me veo así, en el nacimiento de mi sobrino Emilio, exactamente como dices. ¡Qué gacho! Pero se siente bonito y da gusto ver a la familia unida.
  • Tú también baboso….¿Y no es verdad que escuchas: Es igualito a….. mira las cejas, idénticas a…… y las manos hijito, son tuyas……? Estando rodeado de todas esas boberías, aparece discreta una señora bien vestidita y oliendo a rosas, que te dice con voz pastosa y seductora:
  • Ya está lista su cuenta, señor, en el momento que guste –el momento no es el que uno guste, sino el que la perfumada señora te dice: es hora de pagar los platos rotos-.
  • ¿Todo correcto m’ijo? Pregunta cuidadoso tu suegro,
  • Sí señor, todo bien, mostrando una lista muy bien impresa de conceptos, muy bonitamente diseñada……
  • ¡Pa’su mecha! rompe el amoroso abuelo de la nenita. ¡Como si nos hubiéramos hospedado en el Waldorf Astoria en Nueva York, toda una semana! Con signos de agotamiento. Ojalá todo terminara en eso…… Jorge arremete
  • Ya acomodados en casa, el arreglo del cuarto del bebé, los cuidados extremos durante los primeros 6 meses, la pediatra –tiene que ser mujer-, oler todo pañal con la caquita verde, aprender el método para alimentar al nuevo ser –como si la naturaleza no fuera la mejor maestra-. Todo es miedo y precauciones, cultura del miedo, para que otros ganen, sustentados en las incapacidades propias del momento, pero normalmente asumidas y hasta inventadas: ¡Tú no sabes, yo te enseño! Pero debes pagar por ello.
  • Como ves Segis, todo es pagar, pagar y vivir angustiado, cuidando cada instante a la nueva inquilina en casa y, no te asustes, pero los padres deben enfrentar la posibilidad de la horrorizante muerte de cuna.
  • ¿Le sigo?
  • A ver, a ver síguele, pa’ver hasta donde llegas maldito, acepta Segismundo.
  • La retahíla de cosas y eventos que debes cuidar en una criatura, a partir de este momento, son infinitos: la tos, los mocos, los berrinches, los encuentros entre los padres –sus visiones son tan distantes- por diferencias en la formación del nuevo ser. La colegiaturas, los festivales, las pesadillas nocturnas de los nenes, las lecturas obligadas antes de dormir, las tareas, las juntas escolares, de nuevo la tos y las viruelas, las clases especiales, las terapias por la hiperactividad de los vástagos, el baño forzado cada noche o cada mañana, los verduras cocidas junto con una alimentación sana -peleando contra la comida chatarra -, el deporte como vocación impuesta, el fútbol, el karate, la urgencia de descubrir en el nuevo ser su verdadera vocación y sus talentos. Tarea titánica Segis, tarea épica la de entrenar a un hijo en esta vida. Segismundo queda pensativo un momento. De hecho, hasta el mismo Jorge se convierte en un asustado espectador de su misma obra. Entonces, en un tono reflexivo y más calmo
  • Lo que les espera a los padres en la etapa de la pubertad y ¡Dios mío, La adolescencia! -Y ni hablar de los disturbios hacia el interior de casa, cuando descubren en esta promesa de vida, sus tendencias a estar cerca de chicos del mismo sexo. Este último comentario obliga a Jorge hacer una pausa –al tocar tema tan delicado-, continúa:
  • ¿Pero sabes lo que de verdad altera a una ciudad? ¡El tráfico en las mañanas y al mediodía! En este preciso instante, Jorge brinca como picado por un alacrán: ¡Tráfico! Ve apresuradamente el reloj y se para abrumado
  • ¡Debo pasar a la escuela por mi nena! ¡Pendejo de mí, se me olvidaba mi Cristinita del alma! ¡Paga tú Mi Segis, yo pago el próximo desayuno, gracias!

Jorge sale como expulsado por una extraña y dominante fuerza. Ya solo atina a gritar a su amigo desde la puerta, que quedó atónito en la mesa:

  • ¡Es que me trae loco la mocosa! Y desaparece.
  • Segismundo sonríe burlonamente: ¿No qué no, mi General?

Todo quedó como un guion teatral, todo como una caricatura de Jorge, un cuento de algo que ocurre en la vida real, pero que al toque de los ojos con su nena, todo en él se convierte en dulzura y arrebato. – ¡Me vale un comino el que todo esto que aseguro, sea cierto o medio cierto!  Todo por una niña como Cristina, todo –casi gritando- a lo que la nena, sentadita en el asiento trasero, ve a su padre que la observa por el espejo retrovisor, regresándole una iluminada sonrisa.

EL BAZAR DEL VIAJERO.

  1. BERNAL, QRO. Pueblo Mágico

MUY NOBLE Y LEAL.

Conforme desciende el auto de Fernando por la histórica Cuesta China, la ciudad de Querétaro deja ver su nueva fisonomía. Fernando estudió la Historia de una ciudad que se distingue por su protagonismo histórico durante un corto espacio de 500 años. No deja de sentir algo de emoción, al descubrir el caserío que lo adopta desde ahora. Sabe que nada será como antes, que una nueva historia está por ser escrita.  Los anchos carriles por donde desciende, le hablan de una ciudad moderna. Qué lejos está la renovada y juvenil Querétaro, de aquella comunidad conservadora, añeja y asiento de una intensa vida religiosa de la Nueva España.

La extensa y larga columna vertebral de México hacia el Norte – hasta Nuevo México se le bautizó como el Camino Real de Tierra Adentro-,  ruta matriz del desarrollo económico y socio-político del México hasta nuestros días. La Cuesta China, modesta parte de esta importantísima arteria vial,  conoció a los intensos personajes –afamados o no- de toda la época virreinal, hasta los actuales viajantes. Por esta loma subieron y bajaron millones de veces –hasta la fecha- los héroes y los traidores, los pacíficos visitantes y los cargamentos de metales preciosos – atractivo botín de miles de cargas recuas o convoyes con destino a México y a España – no olvidemos que la Historia se vuelve aburrida, sin pillerías, desmanes y llantos, –

La Cuesta China, ahora recorrida por Fernando, es parte fundamental en el diseño de la Historia local. Al recorrer esta ruta descendente en su automóvil, recorre igual los recuerdos de su niñez y su juventud en la casa paterna. Recuerda los olores de la cocina, cuando su madre hacía el arroz con atún y crema; recordaba los llantos de su hermano Eleazar, abandonado en su silla de ruedas, simular estar viendo todo y nada por la ventana de su cuarto. Al verlo así, Fer sólo se acercaba amoroso a su hermanito y le acariciaba la cabeza, en silencio, acto que llegaba al corazón de este ser humano reducido a un objeto de la decoración interior. Igual, recordó sus años escolares: las materias reprobadas y los abrazos por los logros en matemáticas y en química. Los recuerdos se amasan en su cabeza, predominando el fresco recuerdo de su mujer y sus hijos, de quienes se despidió hacía sólo unas horas. –Cuídate mucho gordito, mientras lo bendice con la señal de la cruz – bellísimos destellos  de su abuela –  Hoy su familia es su inspiración, su motor y su compromiso, garantes de una felicidad jamás ofertada en comercio alguno.

Ya iluminada la ciudad, le da la bienvenida a Fernando, quien se dirige al Hotel Holiday-Inn, en el Centro de la ciudad. Se siente cansado, pero satisfecho por el esfuerzo. Acomodado en su habitación, se recuesta y resuella descansando: -Me baño, ceno algo sencillo y veo las noticias. Creo que dormiré muy bien-. Así ocurrió, pero solo después de despedirse de Andrea, Gabrielita y el inquieto Jaime: Adiós mis amores, los busco mañana. Y finalmente agradeció a Dios los beneficios alcanzados.

A la mañana siguiente, durante el desayuno, Fernando lee alguno de los folletos promocionales de Querétaro –gracias a la intensa labor oficial turística local-, Confirma lo investigado previamente por él, del hecho de que a Querétaro, en 1656 se le otorga el título de La Muy Noble y Leal Ciudad de Santiago de Querétaro, declaratoria que confirma en 1712, el rey Felipe V de España. El nuevo habitante de Querétaro, entiende que esta nobleza y realeza no son distintivos graciosas u ocurrentes: fueron un acto de agradecimiento de la corona española por los servicios a ésta, por algunas capitales como Puebla, México y desde luego, Querétaro. ¿Servicios? ¿Qué servicios? En el caso queretano, una enorme riqueza en tierras y los productos de ésta, así como el haber sido seguro punto de paso en la ruta de miles de recursos financieros –metales preciosos- y, muy principalmente, importantísimo asiento de una robusta infraestructura religiosa, sumada al irrefrenable  proceso de cambio surgido del fenómeno de la Conquista. Igual, Fernando, flamante nuevo habitante de la prometedora ciudad de Querétaro, se entera que ésta fue declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad en 1996, por la UNESCO – parte aguas de la nueva metrópoli-. Está contento por la decisión tomada por emigrar a una ciudad joven, para personas jóvenes, con un agresivo proyecto urbanístico y social. Tan entusiasmado está por la Historia y futuro local, que está urgido por visitar su nuevo hogar. Sabe que verá una ciudad pulida, acicalada y limpia, haciendo justicia a su distintivo patrimonial del género humano.

Le esperan gratas noticias, que lo dejarán marcado de por vida.

Emilio Castelazo
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Emilio Castelazo

Nació en Celaya, Gto. En 1939.
Vive en la Ciudad de México. 1940-1966.
Radica en Querétaro desde 1966: 50 años.
Academia: Sociologo, UNAM.
Sector Privado: Industrial.TREMEC.
    -Representante organismos nacional y locales.
Sector Público: Turismo. Gobierno Estatal.
Sector Social:
    -Consejero ciudadano e institucional de Turismo.
    -Consejero Querétero-Lee, A. C.
Columnista narrativo – 2013 a la fecha.
Correo: e_castelazo@hotmail.com
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