El Bazar, charlas con Emilio

El bazar del viajero

Pésimo signo de obsolescencia al dejar pasar un día, un solo día, sin diseñar nuevas ideas, nuevos sueños y afianzar nuestras esperanzas… o ¡recrearlas! Este canto esperanzador debe estar sembrado en cada corazón, en cada uno de nosotros.

Escribir es una manera de forzar esta saludable actitud ante la vida. Es tan simple, como regar una planta, revisar un presupuesto doméstico en la intimidad de la cocina de cada casa, platicar de los hijos con nuestra pareja, revisar nuestro código ético-moral con nosotros mismos o con la persona de nuestra plena confianza. Ni un solo día, sin resultados. No importa cuánto, lo importante es no dejar ese día vacante y tiritando de frío.

En los negocios, como en la administración pública, es necesario revisar periódicamente lo planeado, lo esperado de la combinación estratégica entre el matemático y frío factor financiero, el complejísimo factor humano y el fascinante factor tecnológico -factores inseparables y obligados a un riguroso equilibrio-. Todo, absolutamente todo, por más seco y frío que pueda aparecer, será reflejo de personas inteligentes, aplicadas, como tú o como yo. No olvides: El hombre es capaz de transformar, todo aquello que es capaz de imaginar, decía Margarita.

Margarita ya murió hace casi 15 años: su dicho permanece vigente. Ella soñó y vaticinó. Ella con esta frase, no cayó en la obsolescencia, sigue tan vigente como Shakespeare o la cándida y profunda filosofía de un Quijote de la Mancha.

Así, El Bazar, Charlas con Emilio se analiza y busca el cambio. Hoy es día de cambio y podrás leer un contenido que no pierde su estilo: Podrás regocijarte con las narraciones entretenidas de siempre –aunque más cortas- y la innovadora sección: El Bazar del Viajero, que relatará experiencias de viajeros en búsqueda de emociones en jornadas personales, familiares o con el grupo de amigos. La ciudad de Bernal, nuestro primer platillo, es delegación del Municipio de Ezequiel Montes, Querétaro, Pueblo Mágico por añadidura. Comentaremos sus características como ciudad amable, lo estratégico de su ubicación geográfica con antecedentes antiquísimos, así como sus intimidades: personas o lugares, historias o leyendas, artesanías y tradiciones como la manufactura de dulces de leche. Pero lo más significativo de esta primera y emotiva aventura turística, es sin duda, descubrir la magia del Peñón de Bernal –coloquialmente llamado Peña- y su magnífico potencial como obsequio natural, saturado de energía y magia milenarias.

Sin querer, queriendo –como nos dice el diccionario del entrañable Chavo-del- Ocho-, descubrimos que esta ruta bernalense, nos sugiere un destino, aún mejor: La ruta de Los Pueblos Mágicos queretanos: 1) Bernal; 2) Tequisquiapan; 3) Cadereyta; 4) San Joaquín y 5) Jalpan de Serra (*). Es una serie que me enamoró y que estoy seguro, resultará fascinante para nuestro propósito literario. Vaya pues la primera piedra de esta mágica extensión al edificio bautizado como EL Bazar, Charlas con Emilio.

(*) Está atento al programa de la Feria nacional de los Pueblos Mágicos 2016, en Querétaro (111 en el país). Viernes 14, Sábado 15 y Domingo 16 de octubre. Bernal será sede para algunos eventos el día sábado 14. Habrá gran difusión por todos los medios –Consulta la página en Google-.

“PADRE PEDRO”

Estando en La Comer, pagando en las cajas, uno no se fija en el ejército de viejitos que llenan las bolsas con mercancías, realizando una enternecedora actividad que les permite en buena parte, dignificar su vida, en el día a día. En la escala social, estos personajes pareciera que no existen, que su labor es tan mínima e intrascendente, que son fáciles de ignorar. Algunos inclusive, están un grado arriba de un “viene-viene” o un vendedor de golosinas en una esquina cualquiera. Una escala que encierra dramas inimaginables. Como ésta que platico.

– ¿Ya no me saludas? Escuché vagamente. Volteé distraida, pensando más en lo que debía pagar –me había pasado de mi presupuesto del día- y no hice caso de la pregunta. Debieron pasar un par de minutos

– ¿No sabes quién soy? Insistió la misma voz lejana, apagada. Al fin, la voz logró llamar mi atención y pude fijar la mirada por una fracción de segundo y logré ver a los ojos al emisor: ¡Era mi papá! En la boca del estómago sentí un estallido. Han pasado más de 8 años, después de que mi padre saliera de manera vergonzosa de su casa.

Volví a ver a papá, después de tantos años. Con una sonrisa que dibuja muchas penalidades, requemado por un sol extraño, el verlo sin dientes, chimuelo, sucio y con ropas de color oscuro y arrugadas,. Verlo con un cinturón simulado – un mecatito de tela- y una camisa blanca y percudida, amarillenta, abotonada al cuello pretendiendo formalidad y pulcritud. Su peinado, por todos lados, con algo de gomina. ¡Ay, Dios mío!, todos estos intentos para disfrazar a un hombre desastrado.

De los zapatos, ni hablar y de los calcetines, ¡Menos! Durante estos 8 años, llegó el tiempo en el que yo igual, para susto de mamá y la abuela, salí de casa para juntarme con David, armando destinos. Removí las entrañas en casa, removí arenas de lluvias ácidas, recuerdos de cuando mi papá salió a empellones de su coto, fundamento y razón de su existencia como padre y esposo. El proceso de maduracón en mí, comienza añ momento de superar el escollo en casa, proceso en el David siempre está presente. Al poco tiempo de vivir ya como pareja, la beca para una Maestría en Sistemas e Ingeniería Aplicada, tan soñada para David, cristalizó y salimos para Alemania a la Universidad de Hielderberg

Fueron no sólo 8 años calendario, sino el cómo los llenamos, cómo alimentamos este espacio intangible con eventos encantadores, experiencias culturales novísimas, el luminoso decubrimiento de la intimidad como pareja, muchos aciertos, resbalones y hasta frentazos –como cuando nos robaron el auto-. En este corto tiempo, todo maduró en mí, al obedecer la voz liberadora de mi naturaleza y expulsada por los inquietantes eventos internos en casa. Tomé -quizá de manera arrebatada-, una decisón que por momentos me parecía imposible de tomar. La convivencia amorosa, intelectual e íntima con David, fue el factor en el que descansó el gran paso. Para mí. Él está presente y activo, es energía que impulsa.

Esto y más platicaba Irma a su eterno amigo Pedro, amigos por años, a quien ella bautizó con el mote de “Padre Pedro”. Su amigo le inspiraba tal confianza, que le platicaba cosas de ella, intimidades difíciles de comentar, así nomás poque sí a cualquier persona. Desde niños fueron cercanos, sin que esta cercanía rebasara los límites de una relación sana y amorosa. Pedro en algún momento, tuvo inclinaciones por el sacerdocio, pero pronto se dio cuenta de que el sexo opuesto le inspiaraba más al escribir encendidas poesías. Padre Pedro tiene dos años más que Irma y continúa soltero, estado que según su amiga, conservará para siempre. Ambos amigos platicaban en el comedor de la casa de Pedro.

– Padre, me quiero confesar-, le decía bromeando. La casa inspira a la joven y ésta la considera como un templo de paz y armonía. Es una especie de refugio para aquellos, que como ella, necesita de un entorno que envuelva, cautive e invite a la reflexión. Irma, recorre con la mirada satisfecha los rincones, el jardín y los objetos propios de una decoración refinada. Es un rincón propio para una sesión confesional, al que uno ocurre para pedir perdón o simplemente consuelo. -Tu eres mi confesor Pedro, eres el Padre Pedro-.

– No exageres mujer, lejos estoy de eso, somo solo amigos y entre nosotros hay mucha confianza, que no es cosa fácil de lograr entre un hombre y una mujer: somos hermanos, lo sabes bien. Cruzaban entonces, miradas cargadas de amor fraterno, sinténdose honestos y auténticos.

La manera en que Pedro veía ver las cosas, tan campante y tan calmado, era lo que a Irma le gustaba de su amigo. Por eso se animaba a platicar con él, más ahora que busca ordenar su cabeza al haber encontrado a su padre, en la forma en que lo encontró y las condiciones tan deplorables en las que –ve tu a saber- vive este señor.

– ¿Y qué sientes amiga?

– No sé. Me dan ganas de llorar, nada más de recordar su mirada seca, triste y sin nada, vacía. Me dijo que sería bueno que nos viéramos después, fuera de la tienda. Me dijo que no podía salir en ese momento y que le daría mucha alegría verme a solas – Nadie más, sólo tu y yo-.

– ¡Que bueno amiga! ¿Cuándo será eso? o ¿Ya se vieron?

– No, lo veré el sábado, pasado mañana. Y sobre eso quiero que me recomiendes. No quiero verlo y sin embargo, quiero hacerlo: finalmente es mi papá. Los recuerdos, las caricias, lo juegos inocentes con él. El miedo de verlo cuando llegaba tomado a casa. Y los gritos entre mis padres y el recuerdo de mamá al frente de nosotros, como escudo, previendo que la fiera nos atacara.

– ¡A los niños no los toques! – gritaba la pobre. Era el momento en el que esta fiera nos miraba y se le arrasaban los ojos de lágrimas. Medio sonreía socarronamente y se alejaba, resultado de residuos de vergüenza, de amor oculto por las circunstancias, chispazos de inteligencia y de respeto por lo que es suyo. Si, creo que así fue. Como cosa natural, se hizo un silencio en la sala.

Pedro, espera unos segundos e interrumpe.

– ¿Y dónde se verán?

– Nos veremos en un restorancito de la Colonia La Era. Dice que vive por ahí y que como no se lleva con nadie, podremos platicar a gusto, sin siquiera distraerse en saludar a nadie. Pedro analiza en silencio y para sus adentros, afirma que el perfil del borrachín, padre de su amiga, corresponde a un ser ermitaño y atormentado, quien piensa que aislandose de su entorno, podrá esconder sus debilidades y sus enconos.

Continuaron Irma y Pedro charlando de distintas cosas, como dando respiro al tema central.

– ¿Y tu mami qué opina?

– No le he dicho, ni le diré nada. No tiene para qué enterarse. Hasta ahora, está tranquila. Sólo en una ocasión me dijo -¿Se habrá muerto? Y si se murió, ¿cómo fue o dónde estará enterrado?- A veces la veo en las tardes de los sábados, sobre todo, con una actitud melancólica y callada, hundida en sus pensamientos, segura estoy que recuerda a papá, su marido, a quien amó mucho y por quien también sufrió mucho. Mi padre dejó de existir hace muchos años en casa. Ahora que lo pienso, ese vacío dejó a esta niña hambrienta de sus manos largas y de sus risas escandalosas. De los regalitos con que llegaba a casa, cuando se le pasabn las copas, como para congraciarse con nosotros, sus hijos. Yo tengo aún, dos muñequitas. De una de ellas me decía, con los labios mojados de baba y la mirada errática: -Esta es gabacha-, como si fuera la gran cosa.

La casa volvió a cubriese del silencio de siempre. Este silencio impuesto por el perfil monacal de las paredes y techos, por el gran muro exterior que forma parte de una antiquísima Iglesia contigua. Ni un solo ruido interrumpe esta paz y armonía. Con toda intención, Pedro, sabiemente, se incorpora y se dirige a la cocina, dejando reflexionando a su amiga. Regresa y pregunta coloquialmente, como si no pasara nada

– ¿Y luego? Continúa el silencio, cuando finalmente, responde Irma

– Lo veré. Lo veré y le diré que lo amo. Lo veré y lo tomaré de su mano derecha que es la que me hacía sentir una niña amada. Lo veré y le compraré ropa y unos zapatos. Lo llevaré a mi casa y que lo conozaca David y dejaré pasar un tiempo, para que mi mamá lo vea. A Irma se le iluminó la cara, la expresión, su lenguaje oral y corporal. A la niña le regresó la necesidad de amar, perdonando, sin preguntar, sin enjuiciar. Con la humildad que demandan estos frágiles momentos.

Pedro la escuchó complacido, viendo cómo este ser humano tan perdido e insignificante, podía generar tanta alegría en otra persona, en esta caso su hija.

Pedro la tomó cuidadosamente por las manos y la invitó a cerrar sus ojos. La instó a guardar silencio y a ubicarse en su interior. Soltarse, sentir las energías flotantes.

Respirar profundamente, buscando conectar la dimensión Divina con su entidad física, para accesar a su entidad espiritual, anhelado puerto para todo ser humano.

Irma pudo llegar al corazón de ella misma, convirtiéndola en una más de las tantas las almas elegidas.

Emilio Castelazo
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Emilio Castelazo

Nació en Celaya, Gto. En 1939.
Vive en la Ciudad de México. 1940-1966.
Radica en Querétaro desde 1966: 50 años.
Academia: Sociologo, UNAM.
Sector Privado: Industrial.TREMEC.
    -Representante organismos nacional y locales.
Sector Público: Turismo. Gobierno Estatal.
Sector Social:
    -Consejero ciudadano e institucional de Turismo.
    -Consejero Querétero-Lee, A. C.
Columnista narrativo – 2013 a la fecha.
Correo: e_castelazo@hotmail.com
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