ABRAZOS. 1.

(Continúa)

ABRAZOS. 1.

El señor Gabino es experto en el mantenimiento y reparación de relojes de todo tipo, sin importar su procedencia. Si son obras de arte mecánicas antiguas y de manufactura alemana, mejor. Su padre y el padre de éste, su abuelo, le heredan el oficio que ha caído en desuso. Don Gabino sabe que hoy las horas, el tiempo, no tiene el mismo significado que hace 100 años, por ejemplo. Igual entiende, que las campanas del fino reloj con su dorada carátula llena de imágenes europeas y ensamblado en un exquisito mueble de caoba, dejó de musicalizar el ambiente, cuando celebra el tiempo cumplido, cada 15 minutos. Pasada una hora, escucha parsimoniosos y metálicos los tan, tan, tan, según la lectura exacta. Ese mundo que convirtió al tiempo en patrimonio cultural,  ya no existe, Ya no existen ni sus calles, ni sus urgencias, ni las personas que habitan las casas son las mismas. La tecnología transformó la manera de ver, sentir y medir el tiempo. Y sufrir sus consecuencias en cada individuo.

Sin embargo, hoy mismo, miles de relojes aunque ancianos, sobreviven, anhelan continuar contando sus historias y aventuras, avisando cada 15 minutos, que aún vivimos. Ahora lo importante es mantenerlos con vida y curarlos, si es el caso. Es importante encontrar médicos, curanderos o los sabelotodo,  personajes rarísimos de localizar. Hallar técnicos especializados en el mantenimiento y reparación de tan sofisticados y delicados mecanismos, en cualquier parte de México, es cosa menos que imposible. El señor Gabino es uno de estos raros especímenes, siendo él tan raro como su misma especialidad. A la edad de 63 años, vive solo por razones que a nadie le interesará saber, pero el señor es como un felino solitario – como un gato gris y astuto de una azotea cualquiera-, y cuya naturaleza es el silencio y consecuentemente, sin más alegría que su propio oficio. El Tic-Tac, Tic-Tac de los relojes en su taller improvisado en casa, con su mensaje mecánico y sempiterno, lo estimulan, le dan sentido a sus largas y solitarias horas de trabajo. Por eso Gabino al mimetizarse, es callado, taciturno, como su reloj preferido, fabricado en Leipzig, Germany –se podía leer perfectamente en la parte baja de la carátula- En su parte interior, el año de fabricación: 1857.

Solo él entiende los ruidos y lenguajes que salen de las perfectas máquinas, ocultas en las cajas de resonancia, sus amigas íntimas.

  • ¡No esté triste don Gabino! Le dicen las mujeres del vecindario. O los viejos del barrio le recomiendan burlonamente
  • ¡Ya cásese Gabino! Tiene lo suficiente como para conseguirse una mujer joven que lo consienta, que le haga de comer y hasta podría hacerle otras gracias, como piojito en las noches.
  • Apúrele Gabino -le decía otro- pos cuando menos lo piense, ya ni las patas podrá arrastrar.

Sabiendo que su lenguaje corporal y sus expresiones plana y sin vida, sugerían tristeza, Gabino resistía estos comentarios hechos a sus costillas, confiado de antemano, que no eran señalamientos irrespetuosos y que hasta en ocasiones le parecían ocurrentes. Este hombre, en realidad no se daba cuenta cabal de los alcances de su imagen externa.

  • Callado, – eso sí- aceptaba el técnico. Con ellos no caben explicaciones. Yo sólo río por dentro y les digo ¡Claro, el día está muy bonito! O simplemente muevo la cabeza en son de protesta amistosa.

En algunas ocasiones, estando en su casa o lo que es lo mismo, su taller, va directo al espejo – una luna grande de cuerpo completo que su madre le regalara-, que cuelga en la parte interna de la puerta de su cuartucho, pintado de un verde eléctrico, luminoso, como si fueran muros de una casa de rancho, no de una ciudad tan avanzada urbanísticamente.

  • De verdad Gabino, se preguntaba: ¿No estarás en verdad triste? O volteando al retrato de su madre, solitario en la misma pared verde, -Tu mamacita, ¿Qué dices?- Muchas veces los espejos sacan las palabras o los gestos más inverosímiles de cada persona, como en este caso, el señor Gabino, que se sorprende haciendo gestos y muecas., abriendo desmesuradamente los ojos, o estirando la piel en su cara, o revisando su cara poniéndola en ángulo. –No sé si triste, pero feo, sí!-

Como podrán anticipar, el relojero don Gabino, no es precisamente la imagen de una persona ejemplo de la alegría, pero tampoco podemos decir que es un viejo cascarrabias o amargado. Nunca es grosero con sus vecinos, aunque todos saben que es un hombre seco, de pocas palabras. Lo conocen en los momentos en los que se sume en la maquinaria de un reloj, se pierde como hace el artista virtuoso, cuando se entrega a su arte o a su performance. Es cuando experimenta la sensación más plena de bienestar: plenitud de egoísmo y soledad, dando autenticidad a su paso por este mundo. Por eso no le gusta ser interrumpido para nada o por nadie. No siendo la cortesía y los modales refinados su fuerte, en ocasiones su paciencia llega a quebrase como ocurre con una delicada chilindrina, si no es tratada con extremo cuidado.

  • ¡No señora, por ahora no quiero comer! Grita desde dentro. Baja el tono mortificado y corrige,
  • Gracias, doña Eréndira, por ahora sólo quiero trabajar. Yo le aviso. Y volvía al silencio reinante en la casa. El señor Gabino, pegado al ojo derecho, su lente de aumento, las manos de cirujano, la respiración controlada, acompañando las percusiones machaconas de sus amigos, los relojes: Tic, Tac-Tic,Tac, con un orden sinfónico, arreglo hecho gracias a un espíritu renovador y reinante en el Cuarto-Claustro-Taller-Templo-Caja y entrañable arcón de antigüedades. (Continuará).

 

ELOGIO.

Los años infantiles y juveniles se mantienen vivos, gracias a la sólida amistad labrada en su momento: Primaria, Secundaria y Prepa…..en el Franco-Inglés, en la Ciudad de México. Gracias a mi amigo y condiscípulo Alberto David López por esta aportación a partir de su gusto por los esfuerzos desde El Bazar. ¡Gracias!

 “Con gran entusiasmo empezar,

con muy buen juicio encauzar,

la tarea de analizar para tazar,

y la forma certera  para razar,

con el fin de un valor alcanzar,

de tesoros que tiene “el bazar”

ahora mismo lo voy a intentar.

 

“Lo voy analizar y luego lo tazo,

tambien aquilatar y asi lo razo,

para valorar en un solo trazo

el tesoro, de bazar de castelazo

disciplina y rigor de cuartelazo,

especial talento de escritorazo

va  que vuela para gran exitazo.”

 

“Sus lectores claman yo me afilio

para disfrutar  del genial ‘idilio’

de las gustadas Charlas de Emilio.

Emilio Castelazo
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Emilio Castelazo

Nació en Celaya, Gto. En 1939.
Vive en la Ciudad de México. 1940-1966.
Radica en Querétaro desde 1966: 50 años.
Academia: Sociologo, UNAM.
Sector Privado: Industrial.TREMEC.
    -Representante organismos nacional y locales.
Sector Público: Turismo. Gobierno Estatal.
Sector Social:
    -Consejero ciudadano e institucional de Turismo.
    -Consejero Querétero-Lee, A. C.
Columnista narrativo – 2013 a la fecha.
Correo: e_castelazo@hotmail.com
Emilio Castelazo
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